Benjamín Morales

El Catalejo

Por Benjamín Morales
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Facebook debe pagar

El escándalo por la manipulación de datos personales de los usuarios a través de la red social Facebook debería llamar la atención colectiva de forma prioritaria, pues cada día que pasa crece la magnitud de sus repercusiones y deja al descubierto la necesidad de regulaciones estrictas a los gigantes tecnológicos mundiales.

La empresa de Mark Zuckerberg atraviesa el Niágara en bicicleta luego de admitir que datos sensitivos de 87 millones de usuarios de Facebook fueron vendidos a la empresa Cambridge Analytica, que a su vez los usó para manipular la opinión pública estadounidense y favorecer la campaña del hoy presidente Donald Trump.

Esa es una acusación mayúscula, es seria, muy seria. Se trata de dos empresas que confabularon, una de manera activa y otra en un rol digamos que pasivo, para robarse las elecciones presidenciales de 2016 y, de paso, polarizar aún más a la sociedad estadounidense.

Cambridge Analytica, con sede en el Reino Unido, ha negado cualquier intención de querer influenciar en las elecciones estadounidenses, mientras Facebook ha asumido la posición de admitir su culpa y aceptar que, en efecto, los datos fueron accesados por la polémica empresa británica, pues no le queda otra ruta.

La perversidad de lo hecho por Cambridge Analytica no es menor, claro que no. Creo, de hecho, que una empresa que conspira de esa manera para radicalizar una sociedad debe ser penalizada con severidad. Ahora, aquí la responsabilidad primaria recae en la fuente de los datos, a quienes sobre 2,000 millones de usuarios en el mundo les han confiado sus datos personales más sagrados, como la interacción con sus hijos y su familia, o sus sentimientos de alegría o tristeza.

Zuckerberg mantiene una intensa campaña de pedir perdón por los actos de su empresa, pero me parece que unas disculpas, una investigación interna o las anunciadas “medidas” correctivas para facilitar la privacidad de los usuarios no son acciones suficientes.

Aquí estamos hablando que esta empresa usa como mercancía los datos privados de las personas. No me imagino a los hospitales vendiendo los registros médicos de sus pacientes o al gobierno empeñando a la empresa privada la información privada de los ciudadanos. Esa brecha provocada por la velocidad de la tecnología debe ser cerrada y requiere de una regulación férrea.

Facebook ha asumido un rol peligroso y ha modificado sutilmente su filosofía empresarial, de ser una compañía que buscaba “cambiar el mundo”, se ha convertido en un gigante peligroso que lo que intenta es controlar a las personas y hacerse rica con ellas, lo cual es muy distinto a lo prometido en los inicios de la red social.

También se ha convertido en un censor de información, filtrando peligrosamente lo que los usuarios pueden ver o no, y expandiendo mediante sus algoritmos información falsa, que acaba confundiendo la población y generando tensiones sociales innecesarias. Además, recordemos que no es la primera vez que Facebook atraviesa este tipo de temporal, pues ya hubo un incidente en el que fue cuestionada por suplir datos de usuarios a la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos.

Facebook debió empezar por ahí y anunciar al mundo que dejará de hacer públicos los datos de sus usuarios y enfatizar en que cambiará su modelo de negocio. Claro, yo preferiría que dejaran de colectar datos, pero eso es soñar con irrealidades.

Es importante aclarar que esta práctica no se limita a Facebook, pues plataformas como Google, Linkedin o Twitter, así como sitios digitales de noticias o entretenimiento, hacen lo mismo, y perfilan la conducta de sus usuarios sin que ellos estén advertidos del porte de la intromisión.

Es por ello que se hace urgente que las redes sociales y las plataformas digitales sean sometidas a regulaciones como las de las industrias del cigarrillo, la banca, las farmacéuticas o el alcohol, incluyendo la realización de campañas de publicidad masivas sobre los peligros de compartir datos personales en internet.

Se requiere, por lo tanto, de un nuevo esquema de reglas de juego que ponga coto al negocio del tráfico de datos privados, una medida que veo poco probable que se haga realidad, debido a que los propios políticos se benefician directamente de la información que Facebook provee para diseminar sus mensajes de campaña o manipular la opinión pública.

Ante ese escenario, debemos recurrir a acciones propias, pues nosotros, los usuarios, compartimos responsabilidad primaria sobre todo este entuerto. No soy partidario de eliminar cuentas o boicotear tecnologías, pero sí creo fervientemente que podemos controlar qué esta gente sabe de nosotros y, sobre todo, cómo usan nuestra información más sensitiva.

Dejemos de contar nuestras vidas, la de nuestros hijos, familiares, amigos y mascotas en Facebook, reclamemos indemnización colectiva por el mal uso de nuestros datos y hagamos saber al señor Mark Zuckerberg que Facebook debe pagar por su arrogancia, pero sobretodo, por su inmoralidad

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