Eudaldo Báez Galib

Punto de vista

Por Eudaldo Báez Galib
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Falsas expectativas tras el "verano del 19"

Creemos haber cruzado el umbral de una nueva dimensión social y política. Así que elevamos los recientes eventos masivos a marcador de un “antes y después” y les adjudicamos poderes curativos para nuestra mítica indiferencia.

Difiero. Somos los mismos que antes del “chat”, como de la intensa velada en la intersección de Fortaleza con Cristo y de la excepcional marcha.

En la misma forma que no nos transformaron las intensidades de “Fortunata” y Vieques, ni molestó a muchos el que Washington nos devolviera a 1900 con Promesa y a 1950 con Sánchez Valle, ni los insultos y desprecios del presidente Trump, luego de María, pues, igualmente, las manifestaciones contra Ricardo Rosselló Nevares, aunque podrán hacer historia, no contiene el cambio social ni político que se les adjudica.

El disparador de ese coraje civil no fue un “basta ya” a la corrupción ni al desgobierno. Ni reacción ágil al síndrome Fajardo, revivido por Keleher. Fue por los insultos en un “chat”, profundamente hirientes a muchos sectores y personas. Eso, sumado a la congestión emocional de María y agravada por años de disfunción sociopolítica, hizo la crisis.

Esa indignación, entonces, no fue por tipo de gobernanza. Esta sigue. Fue por la acumulación de angustias en la vida de un pueblo, detonada por la burda burla de un “chat” entre funcionarios a quienes le acompañaba una presunción de probidad.

Dos factores impiden esa verdadera transición hacia otro Puerto Rico: el desgobierno y el estatus. Lo primero es la invasión oportunista del poder económico privado en las decisiones del estado facilitado por políticos endeudados, unido a una administración pública para beneficio partidocrático. Lo segundo, el estatus, agota energías, promueve oportunismos y “valida” falsedades, o burbujas de sueños.

¿Alguien honestamente cree que ahora no hay inversionistas maquinando con políticos, políticos maquinando con el estatus y maquinaciones en el mercado de nombramientos, favores y permisos?

Después, los procesos electorales se enmarcan en ese estatus y se financian obscuramente. Cada sector votando por sus plantillas ideológicas, independientemente de cualidades, para descarrilar los programas de gobierno a largo plazo y ajustarlos a sus intereses.

¿Cómo hemos de ser Estado de la Unión, república o autonomía, si ni siquiera colonia (o territorio, o posesión, o gobierno propio—escoja—) hemos tenido la capacidad ser?

Fortunata, Vieques y el “Rossetaso”, sí nos demostraron una capacidad esporádica del pueblo a reaccionar ágilmente, obviando diferencias seminales. 

¿Queremos que esa capacidad de movilización masiva produzca un verdadero cambio? Entonces convoquémonos, con más gente, más energía de convicción y más coraje, para exigir de Washington, unidos todos, su postura final y firme en cuanto a nuestra relación. La que sea…y lo tomamos de ahí en adelante.

Creo que en ocasiones una explosión de indignación puede más que una revolución.

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