Yarimar Bonilla

En Vaivén

Por Yarimar Bonilla
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Fantasías del colapso

En las pasadas semanas hemos observado con una mezcla de morbo, vergüenza ajena y furia, la explosión de toda una serie de acusaciones, investigaciones, y rumores relacionados a los escándalos de corrupción dentro de la administración de Ricardo Rosselló. Como consecuencia, muchos han especulado (y/o fantaseado) sobre si estos eventos llevarán a un imaginado “colapso” de la administración actual.

En Facebook una encuesta pregunta literalmente, “¿Usted cree que el gobierno de Ricardo Rosselló colapsó?” (Al momento de escribir esta nota, el 53% de las más de 36 mil personas que respondieron opinaron que sí.) Muchos han reaccionado a la idea del colapso compartiendo memes y chistes. Otros tantos han acudido a las redes para quejarse de los que toman todo a relajo en lugar de entablar acción política.  En cualquier otro lugar del mundo, insisten estos, noticias de esta índole llevarían al pueblo a las calles para destituir el gobierno.

Me intrigan estas fantasías de colapso y destitución. Entiendo que muchos anhelan el tipo de acción política que se asocia con los grandes momentos de cambio histórico, pero cabe preguntar: ¿Cuáles son las fórmulas de acción política más adecuadas para nuestro momento actual? Es fácil declarar que “deberíamos estar en la calle,” pero más difícil es saber a qué calle exactamente debemos acudir y qué es lo que nos proponemos hacer allí.

El 4 de julio, día de celebración de la independencia estadounidense, podría evocar una visión romántica de revolución. Tal vez inspirados en el famoso Boston Tea Party, podríamos llenar la bahía del Condado de té—o de cualquier otro producto que se vende aquí a sobreprecio a causa de la Ley Jones—para declarar nuestra independencia de la tiranía. Pero, claro, aunque Lin-Manuel Miranda y otros celebren con júbilo el nacimiento de la nación donde supuestamente “todos los hombres son creados iguales” sabemos bien que ni en el centro ni en los márgenes de esa nación jamás ha existido tal igualdad. Una revolución que logró federar a los dueños de plantaciones con los creadores de la banca moderna tal vez no sea el modelo para seguir.

Por otro lado, el 14 de julio se celebra la toma de la Bastilla, aquel momento en que manifestantes en París se apoderaron de la cárcel del estado, no solo porque era un lugar simbólico, sino también porque allí se encontraba la pólvora necesaria para armar la revolución. Pero en Puerto Rico la famosa cárcel de Oso Blanco dejó de existir en el 2004—indicador temprano de un gobierno que no puede mantener ni siquiera el simbolismo de su aparato carcelario. Ahora se habla de exportar presos a cárceles privadas en Mississippi y Texas. O sea, que las cárceles ya han sido tomadas, no por el pueblo, sino por las empresas privadas.

Los peajes, el aeropuerto, y un sin número de obras de infraestructura fueron cedidas por el gobierno hace tiempo. Aún dentro de La Fortaleza ya queda poco poder que tomar. Cada día el gobierno central va perdiendo autoridad: ya FEMA había impuesto una estructura de supervisión que limitaba la toma de decisiones sobre los fondos de recuperación, ahora nos enteramos que el Departamento de Educación estará bajo el manejo de una entidad externa, y ni hablar de esa gran entidad externa que es la Junta de Control Fiscal. Hasta las alcaldías están bajo la jurisdicción de la junta. (Poco importa que esto nunca se estipuló dentro del marco legal de Promesa). 

Dado todo esto, si nos fuéramos a tirar a la calle, ¿qué podríamos tomar o hacer para provocar el imaginado colapso?

Propiedades reposeídas, escuelas cerradas, negocios quebrados, y centros comunitarios abandonados hay de sobra, y ya muchos han empezado a ser tomados. Mientras en las altas esferas se pelean por las ayudas federales y los fondos de recuperación, activistas y líderes comunitarios se han tirado a sus propias calles a retomar lo que el gobierno abandonó. Desde antes de María ya numerosas instituciones se habían tomado y cada día estas aumentan. Centros de apoyo mutuo, proyectos auto-gestionados, organizaciones de vecindario, comedores de barrio, cuidos, égidas, escuelas, galerías de arte, clínicas de salud, estaciones de radio comunitaria, y hasta salas de cines que operan con energía solar han sido producto de esta toma silenciosa de poder.

No sé si los escándalos de las semanas pasadas llevarán a lo que formalmente se considera un colapso de gobierno. Dudo enormemente que sean el inicio de una revolución. Pero quizás en lugar de entretener la fantasía del colapso, nos debemos enfocar en esas pequeñas tomas de poder que se están dando día a día con poco ruido a nuestro alrededor. Es cierto que no tumban de un golpe lo existente. Tal vez hasta desaceleren o amortigüen el derrumbe al hacer la labor que le corresponde a un gobierno, pero aun así puede que sean el modo político que necesitamos en este momento para poder desarrollar algo más que una simple fantasía.




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