Brian G. Díaz Santiago

Tribuna Invitada

Por Brian G. Díaz Santiago
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Feudo sanguíneo domina la exención de matrícula en UPR

El tema de la Universidad de Puerto Rico sigue dando de qué hablar. Si para algo ha servido todo este proceso ha sido para obligarnos a entrar en un ejercicio de reflexión y análisis sobre la maquinaria y funcionamiento de la institución. Me parece que es de suma importancia que el pueblo no suelte este tema y que esté al pendiente de lo que sucede y sucederá. Al fin y al cabo, el dinero del mismo pueblo está involucrado en todo esto.

Como sabrán, hace unos días se aprobó el Plan Fiscal 17-18 en el que se someterá un aumento sustancial en la matrícula. Estamos hablando de que el costo por crédito aumentará de $56 a $114 a nivel subgraduado. Más allá de su filosofía personal referente a esta innegable realidad, quiero traer a su consideración algo que va de la mano y que ha sido factor en la desproporción del funcionamiento de la institución de educación superior de Puerto Rico. Me refiero a que debemos analizar y buscar la forma de reformar el sistema de exenciones de matrículas.

Este modelo de pago por créditos supone que fuese un mecanismo de inversión, mediante el cual la institución (el pueblo de Puerto Rico) paga por los créditos de ese estudiante mientras espera a cambio logros y metas que signifiquen ganancias a la universidad. Es decir, se les paga a los atletas para que produzcan logros deportivos que ayuden a la institución al mercadeo de su marca, etcétera.

De la misma manera, la UPR sufraga los gastos de estudios de los estudiantes de honor (promedio de 3.50 o más) con el interés de que esos estudiantes puedan repagar a la Universidad y al país con la técnica y el conocimiento adquirido.

Ahora, interesantemente, los datos presentados en el Plan Fiscal 2017-2018 arrojan luz sobre una realidad que no muchos conocen. El sistema de exenciones de matrícula ofrece ciertos servicios a diversos tipos de estudiantes, entre ellos los atletas, los estudiantes de honor, hijos de veteranos, estudiantes investigadores, hijos de empleados, entre otros. La institución desembolsa $18 millones en ofrecimientos de estudios gratuitos a los estudiantes que cumplan con los requisitos establecidos en la Certificación núm. 50 de la Junta de Gobierno “Política Institucional Sobre las Exenciones de los Derechos de Matricula”.

¿Sabía usted que la UPR invierte más en los estudios de los hijos de empleados que en los estudiantes de honor? Según los datos del plan fiscal, la institución desembolsa más dinero en pagarle los estudios a cada hijo de cada empleado por encima de esos estudiantes de promedio de excelencia y de esos estudiantes que están investigando y produciendo conocimiento. Solo superado por los atletas (que solo requiere 2.00 de promedio), se utilizan $3.3 millones cada año en esta gestión en contraste con los $2.6 millones para estudiantes de honor.

Ahora, contextualicemos con lo que dicen las disposiciones y términos especiales de la política de exención de matrícula: “Si el empleado con estatus permanente se jubila, se acoge a una pensión del Sistema de Retiro o fallece, los hijos dependientes de dicho empleado que estaban estudiando con exención en el pago de los derechos de matrícula, por razón de que el padre o la madre era personal universitario, continuarán disfrutando de la misma siempre y cuando cumplan con todos los demás requisitos, términos y condiciones establecidos para ello en esta Política”.

De manera que la UPR, no solo está pagándole los estudios a esos estudiantes hijos de empleados activos, sino también a todos los estudiantes de empleados jubilados que, al mismo tiempo, gozan de un sistema de retiro que representa $70 millones del presupuesto, según el Presupuesto para el Año fiscal 2016-17. Esto sin contar que, en su totalidad, las aportaciones patronales representan $200 millones. Y con el aumento de matrícula entrante significa que estos estudiantes continuarían pagando nada mientras los demás continúan pagando más.

Ojo, se pueden dar casos en los que estudiantes hijos de empleados han sido muy eficientes y han dejado el cuero por el desarrollo de conocimiento para el bien de la Universidad y del país. Mi crítica va dirigida dos elementos principalmente: 1) que el sistema de exención de matrícula no prioriza el aprovechamiento académico y 2) el sistema está creado para beneficiar a la línea sanguínea de los empleados.

Me parece que es sumamente importante atender esta situación cuanto antes. De nuevo, ya viene por ahí el aumento de matrícula. Lo que significa que el sistema de exención de matrícula seguirá cubriendo los gastos de estos estudiantes a nivel porcentual y los demás pagarán más aún. Si observamos la macro-imagen, los estudiantes que pagarán su matrícula completa y el pueblo de Puerto Rico son los que sostienen el sistema de exención y les pagan los estudios a estos estudiantes.

La Universidad de Puerto Rico es un feudo institucional, un pequeño mundo monárquico donde solo la nobleza goza de los mejores servicios. Un pedazo del oscurantismo en nuestra contemporaneidad, donde se le da prioridad a aquellos que pertenecen al abolengo burocratizado y no aquellos cuyos méritos merecen una inversión, no solo de la universidad, sino de, en última instancia, del pueblo.

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