Manuel Calderón Cerame

Tribuna Invitada

Por Manuel Calderón Cerame
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Fin a la dependencia de combustibles fósiles

La Autoridad de Energía Eléctrica necesita una transformación profunda. El modelo que se creó en la década de 1940 por los entonces arquitectos del Puerto Rico moderno, ha llegado actualmente a su cúspide más crítica con una infraestructura vieja y severamente golpeada por el paso del huracán María.

El análisis no es muy complicado. La generación de energía en la AEE es 98.1% dependiente de combustibles fósiles. De ese porciento, 47.6% es petróleo, 33.7% gas natural y 16.8% carbón. Nuestra producción de energía es altamente contaminante y sujeta a mercados que no controlamos. Según los últimos datos de la OPEP, el costo del barril de petróleo ha aumentado, de un $52.35 en enero de 201,7 a $66.60 en enero de 2018.

Para 2016, Puerto Rico generó solamente un 1.5% de su energía de fuentes renovables. Un cambio exitoso implicaría dejar atrás los combustibles fósiles. Si no queremos cenizas en Peñuelas hay que parar de quemar carbón.

En términos financieros la AEE tiene una deuda de 9 mil millones de dólares y sus activos están valorados en 5 mil millones. Es decir, la Autoridad debe más de lo que vale. Para transformarla hace falta inversión. La autoridad no tiene dinero ni crédito; el gobierno tampoco no tiene dinero ni crédito.

El 34.5% de la energía que produce la autoridad es generada por compañías privadas. Debemos suponer que lo que propone el gobernador es vender el restante 65.5% de generación que actualmente está en manos de la AEE. A la fecha de este escrito, el gobernador Ricardo Rosselló no ha radicado todavía una pieza legislativa. Aún no sabemos el cuadro de cómo se piensa estructurar este proceso.

La inversión que se ejecute por parte de los posibles compradores necesita ser regulada y fiscalizada. La Comisión de Energía, creada en la Ley 54-2014, cobra ahora más relevancia que antes. Tiene que existir un ente regulador de precios y transacciones, de lo contrario los problemas actuales continuarán. 

La energía eléctrica es un servicio esencial para todo Puerto Rico. Delegar la totalidad de este mercado en la avaricia de inversores y dueños de compañías generadoras de energía sería una práctica riesgosa que no serviría a los mejores intereses de los abonados de la AEE.

La privatización no garantiza una reducción en la factura da la luz. Lo que sí está garantizado es que la Autoridad necesita una transformación. Para ejecutar una que sea exitosa no podemos continuar dependiendo de combustibles fósiles. Si no logramos movernos a fuentes de energía renovable, sea en manos públicas o privadas, los problemas de hoy continuarán.

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