Irene Garzón Fernández

DE PRIMERA MANO

Por Irene Garzón Fernández
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Fin al derroche de fondos públicos en la CEE

Se trata de otra crónica de una muerte anunciada.

La Comisión Estatal de Elecciones (CEE) no tiene dinero para costear las primarias locales y de los partidos de Estados Unidos porque, como al resto del país, le han afectado adversamente los recortes presupuestarios dispuestos por la Junta de Supervisión Fiscal.

Es así de sencillo. Y así mismo lo había anticipado en junio pasado el presidente de la CEE, Juan Ernesto Dávila.

Una agencia que suele devorarse entre $35 y $40 millones en cualquier año fiscal, sin eventos electorales, no puede sobrevivir con un presupuesto que no llega a $30 millones.

Que se dice pronto eso de los millones que consume la CEE cuando no tiene nada que hacer, como suele ocurrir en los años fiscales en los que no hay eventos electorales. O sea, en tres de cada cuatro años.

El presupuesto asignado se va mayormente en nómina. La CEE tiene personal administrativo regular y por contrato; los partidos políticos tienen empleados ídem (o sea, políticos) y contratistas. Y todos comparten una jugosa nómina que solía rondar los $7 millones en las Juntas de Inscripción Permanente, que no tienen tarea suficiente en los años no electorales.

Si usted suma todo eso, es obvio que los $28 millones que la Junta Fiscal estimó suficientes para la CEE este año fiscal no van a dar para primarias. Menos aún para elecciones especiales para escaños legislativos, como las que se nos vienen encima ahora.

Dicho de otra forma: la CEE no tiene dinero para cumplir con su misión primordial, que son los eventos electorales.

En 2016, los eventos electorales —primarias locales, primarias de los partidos de Estados Unidos, y elecciones generales— costaron más de $100 millones.

Sin contar con los aproximadamente $40 millones del presupuesto administrativo, claro está. Y, que no se nos olvide, sin contar tampoco con otros $38 millones y pico que se pagaron por las máquinas del escrutinio electrónico.

Y esa es otra. Ya la CEE advierte que para las elecciones especiales programadas para el 10 de noviembre para llenar dos vacantes legislativas y una alcaldía habrá que contar a mano porque no hay fondos para utilizar el equipo electrónico que está almacenado y, como reveló hace unos meses este diario, sin el mantenimiento requerido porque también se le debe a la empresa que lo vendió, Dominion Voting Systems.

Y si la Junta Fiscal no libera otros $15 millones el año entrante, sabrá Dios cómo se financiarán las primarias locales programadas para junio.

A este panorama nos enfrentamos de cara al año electoral 2020, para el que los aspirantes a puestos electivos tendrán que radicar sus candidaturas en diciembre de este año.

Muchos conocedores del sistema, así como observadores con experiencia, han planteado durante años que es preciso ponerle fin al derroche de fondos públicos en la CEE. Ojalá que la situación fiscal que enfrenta ahora el organismo electoral sea el detonante de una verdadera reforma que ponga fin a la politiquería y la pobre gestión que lo han caracterizado por demasiado tiempo.


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