Andrés Fortuño Ramírez

Punto de vista

Por Andrés Fortuño Ramírez
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Fin y amanecer

El fin está cerca. Pero tranquilos, que no me refiero al final del mundo, me refiero a ese momento en que celebramos las últimas horas del año. Eso que hacemos todos los años y que celebramos con más pompa que el día de nuestro propio cumpleaños. De seguro que para esta fecha ya todos tienen planificado sus festejos.

Una vez dan las doce, algunos comen uvas y beben champagne, otros cargan con maletas por toda la casa para viajar mucho el año siguiente. Esta es una noche en la que todos muestran sus mejores galas con la intención de asegurarse un buen “spotlight” en las fiestas y, de paso, atraer un mar de prósperas bendiciones.

Creamos o no en los típicos rituales de la despedida de año, a todos nos llena de ilusión pensar que cuando suenan las doce campanadas, dejamos atrás nuestras penas, los errores y esas cosas que durante el año empañaron nuestra visión del futuro. Esa noche confiamos en que el borrador de la vida pasará sobre nuestras pizarras para devolvernos un lienzo en blanco donde comenzar de nuevo.

Y aunque la magia de este momento pareciera solo existir en nuestras cabezas, la realidad es que consciente o inconscientemente, esa noche activamos un poder que llevamos en nosotros todos los días del año: darnos permiso para conectar con quien realmente somos, enfocarnos en lo que queremos y debemos hacer para generar un cambio. Esa noche entendemos colectivamente que todos podemos ser mejores.

Una pena que, al día siguiente, junto con el “hangover”, las copas rotas y las cornetas, echemos al zafacón las intenciones de hacer lo que nos habíamos propuesto. Quizás la solución está en crear una nueva tradición. En vez de mantenernos despiertos hasta pasadas las doce, por qué no mejor acostarnos temprano y celebrar la salida del sol cada año nuevo. De esta forma estrenaremos el año enfocados, descansados y conscientes, de que cada amanecer ofrece una oportunidad para hacer cambios y comenzar de nuevo, todos los días del año.

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