Jorge Duany

Punto Fijo

Por Jorge Duany
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“Florirricans” en crecimiento

Según los últimos cálculos censales, 1,006,542 personas de origen puertorriqueño vivían en la Florida en el año 2014. El mayor número residía en la región central del estado, especialmente en el área metropolitana de Orlando-Kissimmee-Sanford, con 324,301 puertorriqueños. Otras áreas metropolitanas con grandes núcleos boricuas incluyen Miami-Ft. Lauderdale-West Palm Beach, con 239,359, y a Tampa-St. Petersburg-Clearwater, con 173,539. La Florida probablemente tendrá más residentes boricuas que Nueva York para el censo del 2020.

La reciente oleada migratoria de Puerto Rico a la Florida ya ha superado numéricamente al éxodo de la posguerra a “los niuyores”. Durante la década del 2000, el Bronx cayó al cuarto lugar entre los destinos preferidos por los migrantes puertorriqueños, que se dirigieron principalmente al condado de Orange en la Florida. Otros cuatro condados de la Florida estaban entre los primeros diez destinos de los boricuas: Miami-Dade, Broward, Hillsborough y Seminole.

¿Qué consecuencias tiene el que la Florida se haya convertido en el segundo estado después de Nueva York, con más de un millón de puertorriqueños? Para empezar, los asentamientos suburbanos puertorriqueños en la Florida generalmente se distancian de la segregación residencial en barrios pobres de los centros urbanos, típica de las comunidades boricuas de Nueva York, Chicago o Filadelfia.

Además, el vertiginoso crecimiento de los “floriricans” ha venido acompañado por la proliferación de empresas de propiedad puertorriqueña, desde restaurantes familiares y cafeterías de comida criolla hasta grandes empresas como universidades y bancos de la Isla. La pujante presencia puertorriqueña ha transformado los paisajes físicos y culturales del centro y sur de la Florida, con numerosas asociaciones voluntarias, festivales, iglesias, ligas deportivas y otras organizaciones comunitarias.

El incremento espectacular de la población de origen puertorriqueño en la Florida plantea múltiples interrogantes políticas, entre ellas la urgencia de ampliar su escasa representación en el gobierno estatal y municipal. Esta semana se celebra precisamente en Orlando una cumbre con delegados boricuas de diversos estados para trazar una agenda común. Nuevamente se anticipa que los “florirricans” puedan incidir decisivamente en las próximas elecciones presidenciales en Estados Unidos. Los puertorriqueños en la Florida central, mayormente simpatizantes del Partido Demócrata, podrían servir de contrapeso a los cubanos en el sur del estado, predominantemente afiliados al Partido Republicano.

Las alianzas entre puertorriqueños y otros latinos residentes en la Florida será una de las claves de su futuro colectivo. El apego a una identidad común como latinos o hispanos todavía es más débil que al origen nacional como puertorriqueños. Se trata de negociar sus semejanzas y diferencias con otros inmigrantes de origen latinoamericano (como cubanos, mexicanos, colombianos, venezolanos, nicaragüenses y hondureños) en los múltiples contextos en que convergen, tales como vecindarios, centros de trabajo, escuelas, iglesias, campañas electorales y otros espacios públicos.

Entre los principales desafíos de los “florirricans” está el organizarse como comunidad diversa. Una cuestión delicada para muchas asociaciones voluntarias es el uso del español o el inglés como medio de comunicación con inmigrantes de primera y segunda generación.

La población boricua en la Florida está fragmentada internamente por factores como lugar de nacimiento (un 40.5% nació en la Isla y el resto mayormente en uno de los 50 estados de la unión americana); clase social (pese a la presencia de un grupo sustancial de gerentes y profesionales, la mayoría desempeña ocupaciones de ventas, oficinas, servicios y “cuello azul”) y raza (los que vienen de la Isla suelen describirse como blancos, mientras los que se mudan de otras partes de Estados Unidos se inclinan más a definirse como “de alguna otra raza”).

Aún resulta prematuro determinar si surgirá un sentido de identidad “florirrican” distinto del de otras comunidades más antiguas de la diáspora. Por el momento, los boricuas están buscando su lugar dentro del creciente mosaico multicultural de la Florida.

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