Edgar Rodríguez Ríos

Tribuna Invitada

Por Edgar Rodríguez Ríos
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Fórmula contra el estancamiento

Una de las consecuencias de la crisis financiera del 2008 en los Estados Unidos ha sido el crecimiento del movimiento a favor de la autogestión empresarial. Para Brian Van Slyke, cofundador de la organización TESA Collective, cooperativa que desarrolla juegos para organizaciones de justicia social, muchos se han movido hacia la autogestión empresarial debido a que es una forma de generar y mantener los empleos en las comunidades. La propiedad colectiva de las empresas permite que los trabajadores compartan equitativamente los beneficios en los tiempos de prosperidad y las responsabilidades en tiempos de crisis. El modelo no es nuevo. En el siglo 19, el empresario Robert Orwen, el sociólogo francés Philippe Buchez y el anarquista Pierre Joseph Proudhon presentaron diferentes versiones de un socialismo autogestionario en el que los trabajadores fueran los dueños de los medios de producción y estuvieran a cargo de las decisiones gerenciales en las empresas.

En los pasados 10 años, las empresas administradas por los trabajadores casi se han duplicado en EE.UU. Trabajadores y empresarios han mostrado interés en este modelo empresarial. Y aunque la mayoría de las empresas autogestionarias creadas durante la pasada década han sido desarrolladas en comunidades marginadas o de minorías, el modelo está presente en diversos sectores industriales.

El alza significativa del movimiento autogestionario en EE.UU. responde a la creciente inequidad en la distribución de ingreso y a la necesidad de que las empresas estén vinculadas a las comunidades cercanas. Para esto, ha sido fundamental la mayor conciencia de legisladores municipales, congresistas y gobernadores sobre la necesidad de una economía más democrática y solidaria.

El estado de Massachusetts, preocupado por la existencia de las empresas medianas y pequeñas cuyos dueños son baby boomers a punto de retirarse, ha contratado a dos organizaciones sin fines de lucro expertas en autogestión empresarial. El objetivo es proveerles asesoría a los aproximadamente 28,000 baby boomers, que son dueños de PYMES, sobre el proceso y los beneficios de venderles la empresa a los empleados.

En 2018, en un esfuerzo bipartita, el Congreso aprobó la primera ley en 20 años relacionada con empresas administradas por los trabajadores. La medida busca facilitar los préstamos a las cooperativas de trabajadores y promover la divulgación del conocimiento sobre la autogestión empresarial. Además, busca viabilizar que los dueños vendan sus empresas PYMES a los trabajadores en casos de cierre, manteniendo así los empleos.

La ley federal Main Street Employee Ownership Act establece que la Oficina para la Administración de Pequeños Negocios de Estados Unidos, a través de sus centros para el desarrollo, debe proporcionar capacitación técnica relacionada con la transición, educación ejecutiva y consultoría personal relacionadacon la creación de empresas administradas por los trabajadores.

Al conocer estos modelos y evaluar cuán beneficiosos serían para la quebrantada estructura socioeconómica de Puerto Rico habría que preguntarse por qué no se han considerado como una alternativa real, no solamente para el surgimiento de nuevas empresas pequeñas sino como una manera de conservar aquellas que enfrentan problemas y contemplan la posibilidad de cerrar sus puertas. Un esfuerzo en conjunto: gobierno-empresa privada-academia es imprescindible.

Una evaluación curricular de las instituciones universitarias para integrar la modalidad de la autogestión empresarial es una herramienta invaluable. Si a esto se unen esfuerzos decididos y firmes de política pública y una empresa privada comprometida con los mejores intereses de este país, se lograría una fórmula que podría dar un giro significativo al estancamiento que amenaza la economía de la Isla. Esto es materia para reflexionar y actuar.

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