Esteban Pagán Rivera

Prórroga

Por Esteban Pagán Rivera
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Francisco Lindor será el gran deseo navideño

Tras ese pequeño descanso que brinda el mes de noviembre en las Grandes Ligas, la maquinaria comienza a encenderse nuevamente en diciembre. Las reuniones invernales inician la próxima semana en San Diego, y un puertorriqueño, seguramente, estará en boca de muchos ejecutivos del béisbol.

Se trata de Francisco Lindor, cuyo futuro está rodeado de incertidumbre por factores que están fuera de su control. A Lindor le restan dos años bajo el control de Cleveland, y los Indians no son un equipo de poderío económico con la capacidad de pagarle  más de  $300  millones, lo que muy bien podría ser el valor del puertorriqueño, a juzgar por los acuerdos firmados en años recientes.   

Por tal razón, la posibilidad de que Lindor sea cambiado en esta temporada muerta ha cobrado aún más fuerza en pasados días, según los múltiples reportes en la prensa estadounidense. 

Cleveland, en tanto, enfrenta una complicada decisión. 

Primero, podría mantener a Lindor en la plantilla con la esperanza de competir por el título de la División Central de la Liga Americana, aunque reconociendo que mientras más tiempo lo retenga, más baja su valor en el mercado de cambio. O, por otro lado, los Indians podrían cambiarlo esta misma temporada muerta, asegurando un alto valor por el puertorriqueño, posiblemente en prospectos muy bien cotizados. 

Cleveland, al igual que el resto del béisbol, reconoce que Lindor no es un pelotero cualquiera. En cinco temporadas, suma cuatro apariciones en Juego de Estrellas y dos Guantes de Oro en el siore. Pero ese valor se multiplica con lo que Lindor trae fuera del terreno. 

El puertorriqueño trae una carisma difícil de encontrar y se ha ganado el apodo “Mr. Smile”.    Lindor es una figura capaz de cargar una franquicia tanto dentro como fuera del terreno. En tiempos en el que el béisbol tiene dificultades en encontrar figuras que apelen en la cultura popular —más allá del fanático fuera del béisbol—, Lindor  tiene   los elementos para convertirse en un  referente  de toda una ciudad, de adornar billboards y de, más importante aún, poner público en las gradas. 

Es, en fin, un tesoro muy difícil de encontrar en un panorama en el que la estrella más grande del béisbol, Mike Trout, tiene dificultades a la hora insertarse en la conversación deporte más allá del béisbol. Lindor, con 26 años, aún tiene sus mejores años por delante y todo el mundo en el béisbol lo sabe. 

Así que prepárese para seguir escuchando su nombre, una y otra vez, en los medios. Solo deseo que el boricua —si no es cambiado en este invierno— tenga la fortaleza mental para silenciar en su cabeza todo ese ruido y nos pueda seguir deleitando con su gran béisbol.

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