Eduardo Carrera Morales

Tribuna Invitada

Por Eduardo Carrera Morales
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Freno a la exclusión infantil

De repente se escucha el repliegue de una clave y las extremidades de nuestros cuerpos se activan sin pausa. Nuestro ser interpreta cada nota musical y reacciona con movimientos que vienen atados a sentimientos de felicidad, confianza y confraternización. En cuestión de segundos estamos en sintonía formando parte de algo más grande que cada uno de nosotros... Y nos perdemos en acción. Una acción que nos lleva a olvidarnos de todo lo que sucede a nuestro alrededor. Entonces, cambia la frecuencia. Con cada nota musical, la ansiedad aumenta, los sentimientos de impotencia se activan, se disipa la confianza y los deseos de formar parte son sustituidos por una súplica de que podamos desaparecer. Así se siente el caracolito de la mar que se quedó sin bailar, mientras el mundo no se daba cuenta de su existencia.

Los recientes eventos en nuestro país nos tienen a todos bailando al son de un sonido ensordecedor. Nuestro cuerpos y mentes apenas dan abasto para interpretar cada cambio en el ritmo de esta sinfónica llamada Puerto Rico. El cuento del caracolito nos invita a romper con la rutina, a retar los movimientos involuntarios de nuestro colectivo y observar a quién no está bailando.

¿Quién no está bailando? De los rostros que puedo observar me concentro en aquel cuerpecito pequeño que mira a su alrededor tratando de interpretar cómo bailar en este país. Es aquel niño o niña que, como mis hijas, viven en un lugar donde las oportunidades de aprendizaje no existen para todos. Un lugar donde tu “zip code” es el mejor predictor de lo que vas a ser cuando seas grande. Un lugar donde siempre se postergan las inversiones en la población infantil porque ellos son el futuro y nosotros estamos ocupados bailando en el presente. Un lugar que no ha entendido que, si no integramos a esta generación en el baile, eventualmente no quedará nadie en esta fiesta.

Pues,“que le pongan salsa” como decía el Gran Combo de Puerto Rico. Nuevamente, me detengo para observar y reflexiono que bailar salsa en un mundo cada día más interconectado no es suficiente. Las respuestas son locales, pero las soluciones son globales. Para hacer partícipes a nuestros niños, niñas y jóvenes de esta fiesta hay que mirar al mundo. Los niños que están bailando en países desarrollados lo hacen al son de las ciencias, las matemáticas, las artes, la tecnología, la creatividad y la innovación. ¡La música en estos lugares es para todos!

En los próximos días, meses y años se estarán tomando decisiones que tendrán como resultado excluir o incluir a nuestros niños, niñas y jóvenes de este concierto llamado Puerto Rico. Que no se diga que fuimos nosotros los que permitimos otro desenlace donde el caracolito de la mar se quedó sin bailar. Mi gente, como decía mi abuela: “O bailamos todos o nos rompen la radiola...”

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