Sonia Ivette Vélez Colón

Punto de Vista

Por Sonia Ivette Vélez Colón
💬 0

Fuenteovejuna y las decisiones tomadas en la penumbra

El COVID-19 ha impactado el orden mundial. La vida del planeta la alteró un virus. Y no hemos sido excepción. Por supuesto ha impactado a Puerto Rico, que ya de por sí había visto retada su normalidad por las incesantes pruebas a las que la naturaleza nos ha sometido por los pasados años y que aún nos hacen temblar. El impacto que ha traído este virus ha alterado la cotidianidad, la salud pública, la agenda laboral, la educación, toda la economía. 

Y se hizo rutina el distanciamiento físico y social. Que si bien, con lo ingeniosos que somos, nos hemos inventado formas de mitigarlo, no ha dejado de ser doloroso y nos guardamos los besos y abrazos para el anhelado encuentro, cuando se pueda.

En su recorrido desmedido y de difícil control, el COVID-19 también le ha dado una profunda mirada a los gobiernos de todo tipo. Con respecto al nuestro, ha cambiado el orden jurídico, afectando las libertades y derechos civiles, restringiendo procesos, limitando al máximo las posibilidades de acercarnos a la justicia y de obtener remedios legales. Nuestro archipiélago vive un estado de derecho formado y amparado en órdenes ejecutivas emitidas periódicamente por la gobernadora, con efectos impensados bajo otras circunstancias, alejado de nuestro ordenamiento constitucional.  

Súmase a todo lo anterior el hecho de que también nos encontramos en año electoral. Ello obliga a que antes del evento masivo se contemplen primarias de partido, incluso procesos primaristas ajenos a candidatos locales, cuya elección para estos lares no tiene consecuencia alguna, que no sea solo contribuir al gasto público. Un proceso multitudinario y de aglomeración de personas, del que no se nos ha avisado, al menos, que esté en proceso un plan para ejecutar las votaciones que sea afín con la pandemia salubrista que vivimos. 

Pero para hacer más interesante el escenario, en medio de esto, y a cinco meses de esas elecciones generales, estamos a punto de que se apruebe y de estrenar, sin la mayor de las garantías, una nueva Ley Electoral. De esta se nos ha informado que tiene el potencial de restar credibilidad y legitimidad al proceso; que incorpora modalidades tecnológicas de las que desconocemos su alcance y cuán robustas sean, aparte del impacto que esta alteración tendrá en el alegado ya comprometido presupuesto electoral; y se nos ha dicho, además, que se trata de un estatuto que flexibiliza peligrosamente el voto ausente y voto adelantado. 

Y esto no termina ahí. Cuando estamos en medio de reabrir el país y conocer el efecto que esta acción tendrá luego de más de dos meses de cuarentena, cuando estamos batallando con la recopilación de estadísticas reales de contagios y fallecidos, cuando no hay pruebas para todos, cuando las ayudas económicas dadas que permitirán ofrecer alivio económico a tantas familias y personas aún no se reciben, cuando las investigaciones legislativas han ocupado los días de distanciamiento, y cuando nuestra tierra casi alegóricamente aún tiembla, se  aprueba, evidentemente fuera de compás, con un mar de dudas y conceptos no claros, un nuevo Código Civil. El importante libro que rige jurídicamente relaciones de vida, que define quién es persona, que rige la propiedad, relaciones familiares, filiales, relaciones matrimoniales, contractuales y de herencia, por mencionar algunos, será convertido en ley en la penumbra.   

Todo ello, al final, solo puede redundar en mayor desequilibrio social, político, económico y trae consigo otra pandemia, la inestabilidad emocional. Nos afectará a todos, pero como siempre serán las poblaciones marginadas y vulnerables las que sufran las mayores consecuencias. Porque también son marginales y vulnerables sus economías, sus empleos, sus sistemas de salud pobremente financiados y porque sus redes de apoyo y seguridad social son frágiles y débiles. Porque son los que no tienen techo, o los que necesitan del comedor escolar, porque su internet no es robusto y la calidad de sus actividades educativas es endeble también. Porque son viejitos, maltratados y están solos.

Los líderes que encabezan nuestro gobierno, aquellos electos, y otros que circunstancias de las que podemos tomar conocimiento les han llevado al frente del país, no pueden ejercer su responsabilidad constitucional con indiferencia, imprudencia, maldad, en la obscuridad y de espaldas al pueblo. Porque de ser así, no solo las decisiones tomadas en pandemia les pasarán factura, pronto el sabio Fuenteovejuna, también.

Otras columnas de Sonia Ivette Vélez Colón

💬Ver 0 comentarios