Raymond Pérez

Tinta Boricua

Por Raymond Pérez
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Fufi… “menos el domingo”

Al viejo gurú, Fufi Santori, le conocí tres cosas que lo obsesionaban… Linda, la canción de Pedro Flores, el Equipo Nacional de Baloncesto y la Coca Cola, bebida que disfrutaba sorbo a sorbo y sin la cual le fue casi imposible vivir por varias décadas.

Ahhh… y ni hablemos de los “americanos”.

Sobra decir que Santori era un genio, tenía una contestación asertiva para cada cosa, o para cada tema, revestida de humor o seriedad. Aunque a decir verdad uno no sabía en ocasiones cuando bromeaba o cuando estaba en tono serio. Esa era una de sus virtudes, entre muchas otras.

Sobra también hablar de sus conocimientos como jugador, técnico, analista y escritor de baloncesto. Lo mismo aplica a sus análisis políticos. Pero esa evaluación se la dejaremos a otros compañeros.

Eso sí. Fufi sufría las derrotas del Equipo Nacional de básquet como si él fuera parte integral de los “12 Magníficos”, su dirigente o parte del cuerpo técnico, o hasta su aguador. Esa era la bandera de su vida y donde quiera y contra quien fuera, la defendía.

Una vez le dije, que estando en Cabo Rojo de “camping” con mi familia, me desvelé y entonces recurrí a un radio de baterías para escuchar música, en frecuencia AM, en alguna emisora del área oeste. Serían la 4:00 y algo de la mañana, cuando el conductor de un programa anunció un trío y dejó saber que la letra y música de la canción que escucharía la radio audiencia, era nada más y nada menos que de Fufi Santori.

“Me sales hasta en la sopas Santori”, le dije esa semana cuando llegue a la Redacción de El Nuevo Día, donde escribió por más de 30 años. “Yo desvelado y entonces me hiciste desvelar más. Háblame de esa canción…”, le solicité, al también compositor.

Y así tuve en la Redacción de El Nuevo Día una de tantas y tantas tertulias con el maestro Santori. De él aprendí mucho de la vida, del deporte, de reflexiones, de la música, entre mucha cosas.

Entre tertulia y tertulia, él con guitarra en mano y yo con mis palitos, cantamos mil y un boleros. La gente era loca con eso. Fue allí que me propuso que lo acompañara a grabar su famosa Batatita, sección grabada en vídeo en la que daba a conocer sus predicciones sobre los partidos del básquet del BSN en Puerto Rico a través de endi.com.

Y su toque de genialidad me hizo crecer. Me hizo creer que lo hacía bien. Que era su pareja perfecta. Se gozaba hacer ese embeleco y me envolvía en su fragancia ‘guruística’ y yo me dejaba llevar. Al segundo programa ya internalice quien era la estrella, a quien debían odiar y querer los fanáticos, toda vez que se trataba de pegar sus aciertos y desaciertos.

Y mi encomienda fue hacerlo lucir bien, pero de vez en cuando tirarle una ‘cascarita’, cosa que resbalara. Era muy difícil, su creatividad y genialidad era un reto siempre.

Fufi siempre hacia un libreto de La Batatita y yo tenía que aprendérmelo en menos de cinco minutos, cuando él lo dominaba de rabo a cabo. Analizaba lo que estaba pasando en ese momento en el BSN y de inmediato escribía, pero escribía una introducción cantada, con una rima perfecta. Para luego ir al grano analístico, equipo por equipo. Eso sí, teníamos margen para salirnos de la línea y poder improvisar. Y ahí él estaba fuera de liga, como pez en el agua.

La Batatita de Fufi fue uno de los asuntos que más me gocé en mis últimas temporadas como Editor de Deporte de El Nuevo Día. Y verlo a él feliz, útil, activo, bien analítico, me daba a mi felicidad.

En mis momentos de mala condición de salud, cuando tuve que luchar contra la enfermedad del cáncer por espacio de dos años, las llamadas de Fufi nunca fallaron y la esperanza de ambos era volver a grabar La Batatita. Uno de sus grandes legados, que antes, en la década del 80, lo hizo en televisión en Wapa TV.

Sobre Linda, la de Pedro Flores, la cantamos a dúo una y mil veces. También cantamos Obsesión y Bajo un Palmar. Fufi se las disfrutaba. Pero, había una frase en Linda que le volaba la cabeza…cada vez que llegábamos a ella…paraba de tocar la guitarra y me miraba para decirme… “¿Cómo a alguien se le pudo haber ocurrido una frase tan genial”?... y la tarareaba muchas veces acompañándola de su guitarra, buscándole el gusto, su razón de ser: “Menos el domingo…todas las tardes”…

Ese “menos el domingo…” y la inflexión musical que conlleva cantar la estrofa, lo ponían a pensar… la repasaba una y otra vez, para entonces decir que era la frase musical más bonita, precisa, profunda y un largo etcétera, que alguien hubiese compuesto.

¿Qué si lo voy a extrañar? Un montón… pero me quedan sus lecciones de vida, sus charlas musicales, su humor negro y blanco, su creatividad y su don de gente.

Ya nos veremos Fufi… “menos el domingo…”.

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