Mari Mari Narvaéz

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Por Mari Mari Narvaéz
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Fugitivos

Quisiera escribir sobre la belleza brutal y hasta la incomodidad de ser una fuerza arrolladora de la naturaleza. Porque eso fue Francelis Ortiz. Y me cuesta demasiado esfuerzo, demasiada entraña, demasiado líquido escribir estas líneas en esta infame voz de pasado.

Pero aprendí que, frente a la trascendencia de los mártires, no hay derecho siquiera a cobijarse en el inmenso cariño de la amistad para no hacer uso del oficio y nombrar las cosas que aún no se reconocen.

¿Quién dice que no somos un narco estado? ¿Cuáles son sus argumentos? Porque creo que el tiempo y las razones se nos han agotado. Las organizaciones criminales hace tiempo que no solo enfrentan al Estado sino que lo han infiltrado y ya ejercen dominios sobre él también. Realmente desconocemos a qué escala pero no por eso podemos negar una realidad tan obvia, un elefante inmenso frente a nuestras narices.

Tal vez solo nos faltaba corroborar que a los empresarios del crimen les es estratégico asesinar a funcionarios que puedan serles problemáticos, no solo para vengarse o librarse de su amenaza inmediata sino para provocar el pánico de tantos otros que también puedan estar empecinados en hacer su trabajo digna y eficientemente.

Se nos acaba el tiempo.

Son históricos y complejos los hilos que mueven esta narco colonia, país fundado en la explotación y en la delincuencia. Pero un grupo sustancial de la ciudadanía lleva años abogando por la despenalización de la droga como paso central hacia la liberación de la violencia. Esto es también, a su manera, una suprema definición. ¿Nos quedamos tirados en el pantano, en este fracaso abismal o nos salvamos? Ya la tragedia nos llegó a todos. Ya vivimos cada día más aterrorizados, cautivos entre la avalancha de corrupción, destrucción y la ofensiva de pólvora en nuestras narices. Ya nadie escapa. Los amigos de Francelis acudimos con ella al asalto de su espacio, un lugar donde guarecerse para vivir, para imaginar un futuro distinto y hacer una vida hermosa. Pero ahí también ya nos vienen a buscar.

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