Rodolfo Chacón Chaluisán

Tribuna Invitada

Por Rodolfo Chacón Chaluisán
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Fujimori, Perú y la fuerza de las mentiras

Con las mentiras se puede llegar muy lejos, pero lo que no se puede es regresar.

La semana pasada, el presidente peruano Pedro Pablo Kuczynski enfrentó un proceso de destitución o vacancia presidencial en el Congreso de la República, por su supuesta “incapacidad moral permanente”, por ocultar los negocios de su empresa Westfield Capital con la empresa brasileña Odebrecht, durante los años en que fue ministro de la nación.

El caso Odebrecht representa el escándalo de corrupción más grande en América Latina.

A días de salvarse de la vacancia presidencial, el presidente Kuczynski anunció el “indulto humanitario” al exdictador Alberto Fujimori, condenado en 2009 por crímenes de lesa humanidad: dos matanzas perpetradas en 1991 y 1992, en las que murieron decenas de personas. Fue condenado también por el secuestro de un periodista y un empresario en 1992. Fujimori aun tendría que afrontar juicio por la matanza de Pativilca y los actos de corrupción de Chavimochic. Ahora bien, Kuczynski le otorgó un derecho de gracia presidencial que lo libraría de responder por esos casos. Las organizaciones civiles y la prensa peruana e internacional, llevan años clamando justicia por las 300 mil mujeres que fueron esterilizadas contra su voluntad en todo el país durante su gobierno.

A pesar de las atrocidades, el presidente Kuczynski pagó con el indulto el favor a los congresistas fujimoristas que se abstuvieron en el proceso de vacancia y le permitieron seguir gobernando. Cabe subrayar que el fujimorismo es una organización sin ideología ni proyecto político alguno, que no sea restaurar las viejas prácticas del régimen dictatorial de Fujimori. Actualmente el fujimorismo es investigado por financiación ilegal y por sus vínculos con Odebrecht.

En estos días, miles de peruanos y peruanas se han movilizado dentro y fuera del país para denunciar lo que consideran un acto de impunidad y de traición a los familiares de las víctimas de las masacres de Barrios Altos y La Cantuta, por las que Fujimori fue condenado.

El presidente Kuczynski le mintió al país en reiteradas ocasiones al negar sus intenciones de indultar al exdictador. Kuczynski le concedió el “indulto humanitario” porque el común no está disponible para condenados por secuestro. De acuerdo con la Comisión de Gracias Presidenciales del Perú, solo se puede recomendar un indulto humanitario en los casos en que el condenado sufra de una enfermedad terminal o degenerativa que sea agravada por las condiciones carcelarias. El informe sobre la condición de salud de Fujimori confirma que no se cumple con esos supuestos.

También se denunció que uno de los miembros de la junta de médicos que recomendó el indulto fue médico personal de Fujimori durante años. Varias organizaciones civiles han expresado su intención de impugnar el indulto ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la cual podría anular el acto político administrativo. 

Expreso mi apoyo al pueblo peruano que hoy marcha por su dignidad. La decisión del presidente Kuczynski no constituye un acto de reconciliación nacional sino de impunidad con las víctimas del régimen.

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