Mayra Montero

Diario del huracán

Por Mayra Montero
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Generales

Una farmacia. Jueves 28. De casualidad estoy allí cuando empiezan a sacar paquetes de agua. Son pocos. Me pregunto si es que no ha llegado un cargamento completo y, de haber llegado, dónde meterán el resto; para quién los guardan.

Alcanzo a coger uno y al llegar a la caja me piden $6 por lo que normalmente cuesta la mitad. Pago y pido hablar con el gerente, un tal Castellanos que, según me dicen, está en una llamada. Larga llamada la de Castellanos. Cansada de esperar, me voy.

Decenas de ancianos, gente humilde y de todo tipo, que al enterarse de que han sacado agua van desesperados a hacerse de un paquete, encuentran que le han doblado el precio.

Empresas ricas, que han hecho tanto dinero por décadas y décadas, se aprovechan ahora de la necesidad de la gente, Saben que DACO es inutilidad absoluta.

Al regresar, por la radio, oigo que se han robado un cargamento de diésel de un centro de diálisis en Guaynabo y que los encargados piden auxilio para trasladar pacientes graves a Guayama.

¿Por qué será que tengo la sospecha de que personajes de alcurnia andan comprando diésel robado a sobreprecio?

Este país cae en picada y se necesitan, no cuatro generales, sino cuatro mil compañías de infanteros.

Urge implantar el orden en las calles y el control estricto de los abastos de combustible.

Aunque no se ha admitido públicamente, me comunican que la AEE tiró la toalla y reconoció que es incapaz de levantar nada, ni el 25% del sistema. Vienen especialistas militares en camino, expertos en montar y desmontar redes eléctricas. Este enredillo de cables y postes antediluvianos, y los transformadores de la abuelita de Manos a la Obra.

Son capaces de iluminar en pocas horas unas aldeas arenosas que convierten en centros de mando.

Sin embargo, no será fácil para ellos. Aflorarán las modernidades afganas. Eso júrenlo.

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