Cezanne Cardona Morales

Tribuna Invitada

Por Cezanne Cardona Morales
💬 0

Gigi

El día en que Gigi Fernández cuestionó que Jaime Espinal fuera el abanderado de Puerto Rico en las Olimpiadas, se levantó tarde.

No se dio cuenta Gigi, que la almohada en la que descansó su cabeza toda la noche tenía una etiqueta que decía “Made in China”, y que la pijama que traía puesta decía “Made in Vietnam.”

Tampoco supo que las pantuflas en las que puso sus pies decían “Made in USA”, pero fueron confeccionadas por guatemaltecos sin papeles. Con sueño todavía, Gigi no vio que la pasta para sus dientes sensitivos decía “Made in Mexico”, y que el cepillo con el que comenzó a lavarse los dientes tenía grabado por una esquinita letras que decían “Made in Taiwan”; el mismo lugar en donde también fabrican el chupón que destapa el inodoro, el envase de plástico del enjuagador bucal y una parte del espejo del baño.

El día en que la tenista Gigi Fernández cuestionó que Jaime Espinal fuera el abanderado de Puerto Rico en las Olimpiadas, bebió café.

Dudo que la luz interior de la nevera le haya permitido pensar que su cafetera fue fabricada en Bangladesh o que el litio que usa la batería de su teléfono celular fue comprado en África a niños mineros que jamás podrán participar en las Olimpiadas.

Imagino que el ruido de la cafetera tampoco la dejó saber que el caucho que utiliza la fábrica de bolas de tenis marca Wilson, en Arizona, lo compran en Brasil a precios de esclavitud.

Solo un milagro hará que Gigi recuerde que la bandera de Puerto Rico que usó en los Panamericanos celebrados en Venezuela -cuando fue ella la abanderada- la fabricaron en Taiwán.

El día en que Gigi Fernández cuestionó que el luchador Jaime Espinal fuera el abanderado de Puerto Rico en las Olimpiadas, no se enteró que el azúcar con el que endulzó su café, esa mañana, decía “Hecho en República Dominicana”.

Otras columnas de Cezanne Cardona Morales

lunes, 5 de noviembre de 2018

Armas de fabricación casera

El escritor Cezanne Cardona relata vivencias domésticas y lecciones aprendidas en el seno de un hogar liderado por su progenitora

lunes, 1 de octubre de 2018

El bacon nuestro de cada día

El escritor Cezanne Cardona reflexiona sobre la negación en la cotidianidad de la crisis isleña

lunes, 3 de septiembre de 2018

Nadar para poder caminar

Pensé en todos aquellos escritores que practicaban la natación, no para recordar el peso de la tierra, sino precisamente para olvidarla. El poeta Lord Byron, aquejado de una lesión en el tendón de Aquiles, nadaba para olvidar su cojera y cruzó el Bósforo, al norte de Turquía, sin rastro de dolencia. El checo Franz Kafka solía nadar en la Escuela Civil de Natación, en la isla de Sofía, para olvidar la vergüenza que sentía por su cuerpo. En sus “Diarios”, bajo la fecha del 2 de agosto de 1914, Kafka anota: “Alemania declara la guerra a Rusia. Por la tarde, me fui a nadar.” En una entrevista, el colombiano Héctor Abad Faciolince, autor de “El olvido que seremos”, dice: “Nado para que nada me afecte, nado para estar solo.” Para el poeta argentino Héctor Viel Temperley nadar era la mejor forma de rezar. El misticismo de su poema “El nadador” es evidente cuando dice: “Soy el nadador, Señor, soy el hombre que nada / Tuyo es mi cuerpo”.

💬Ver 0 comentarios