Ana Teresa Toro

Punto de Vista

Por Ana Teresa Toro
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Gobernador, en la intimidad es que las matan

El gobernador de Puerto Rico, Ricardo Rosselló dijo que él se considera un libro abierto. Lo que sucede es que los libros abiertos, no tienen páginas borradas. En este caso, páginas ocultas hasta hoy, que revelan con elocuencia el compás moral de altos funcionarios del gobierno de Ricardo Rosselló. 

A lo largo de esta semana, hemos visto un desfile de disculpas forzadas, justificadas en una supuesta invasión a la privacidad que no les corresponde. ¿Dónde estuvieron las llamadas y disculpas directas a las personas atacadas? ¿Dónde está el compromiso de trascender los prejuicios que llevan a ese tipo de comentarios? ¿Dónde queda el tema de la corrupción moral en un gobierno asesorado por tanto fundamentalista religioso bien pagado? Piden perdón obligados a quienes “legítimamente” se hayan ofendido, colocando así la responsabilidad en el que se ofende y no en el ofensor. Llantos de cocodrilo, sin más. 

Olvida el gobernador que cuando se es, no solo figura pública, sino el servidor público elegido democráticamente, de mayor importancia para el país, las líneas entre lo público y lo privado operan de manera distinta. Además, su posición le obliga a rendirnos cuentas, tantas veces como sea necesario. No basta parecer una persona que respeta la dignidad humana, tiene que serlo.

Cuando hace unos años, se revelaron vergonzosas imágenes que atentaban contra la dignidad del exsenador Roberto Arango, bien se hubiese podido hablar de una invasión extrema y mal intencionada a su intimidad. Pero aquella revelación —por terrible y dolorosa que haya sido— servía al principal propósito del periodismo: proveer información relevante a la ciudadanía para la toma de decisiones en una democracia. 

El exsenador Arango se dio a conocer como una voz fuerte en contra de la comunidad LGBTTQ, a la que en su intimidad pertenecía. El electorado merecía conocer de su hipocresía para tomar una decisión más informada. Ése es el precio a pagar por el privilegio de ser elegido entre tantas personas para servir al país, por el privilegio de poder hacer tanto bien desde las más altas esferas del poder, aunque tristemente, tantos —demasiados— escojan hacer todo lo contrario. Si su actitud hacia la comunidad LGBTTQ hubiese sido otra, con quién compartiera su cama, no debía importarle a nadie. Pero no fue así, y en ese contexto es que su privacidad se vuelve relevante para su gestión pública. De modo que, si la intimidad y la esfera privada de un servidor público, afecta, incide, o revela sus estilos de gobernanza, es importante que sea revelada al país. Merecíamos conocer el contenido de ese chat. 

A su llegada al país, el gobernador Rosselló, despachó como un espacio de desahogo y de “liberar tensiones”, las ofensivas expresiones que tanto él, como las personas más allegadas a su equipo de trabajo, realizaron en un chat privado. Incluso, se mostró molesto por lo que considera un quiebre a su privacidad, en una actitud más de maleante de cartón que de hombre de estado. Olvida el gobernador que es, precisamente, en la intimidad que matan a las mujeres. 

Si en la privacidad, y en los espacios seguros que compartimos con amigos y familiares, es donde nos desahogamos y nos atrevemos a ser genuinos y a mostrar nuestra esencia, la intimidad del gobernador, francamente, es preocupante. Hoy amanecimos con la entrega final del vergonzoso chat en el que vemos incitaciones a mover personas de posiciones —o incluso a causarles problemas— por incomodidades de índole política, vemos más misoginia, homofobia, burlas de todo tipo, manipulación de la opinión pública y una constante documentación del número de asesinatos, como si se tratase de un conteo de likes. Cada muerto, un punto más en la encuesta de aprobación de su gestión. 

Preocupa además que, así como sucede con fenómenos como Trump y Bolsonaro, si bien esta conducta será repudiada por muchos, a otros les envalentonará y en poco tiempo veremos en la calle, más ataques generados por el tipo de prejuicios que la llamada Manada Azul exhibe. Lo harán siguiendo el ejemplo del gobernador y sus amigos, con vía libre y orgullosos. 

Entre todo lo terrible —y con posibles implicaciones de corrupción— que se deriva de estas páginas, me quedo con un comentario de Christian Sobrino que me dejó helada. Habla en referencia a la dramática crisis que se vivió después del huracán en Ciencias Forenses, por la acumulación de cadáveres. Dijo: “¿No tenemos algún cadáver para alimentar a nuestros cuervos?”

Eso hemos sido para ellos, en uno de los momentos más duros y vulnerables de nuestra historia: cadáveres para alimentar sus cuervos.

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