Aníbal Acevedo Vilá

Tribuna Invitada

Por Aníbal Acevedo Vilá
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Gobernar como en Las Vegas

Las instituciones son más importantes y duraderas que quienes las ocupan.  A los que el destino los lleva a ocupar posiciones institucionales, tienen que entender esa realidad.  Rosselló parece creer que el amigo, pana y político Ricardo Rosselló, es una persona diferente y distinta al gobernador Ricardo Rosselló.  Ese enredo lo transmite, lo comparte y lo estimula con su equipo más íntimo.

Nadie camina diciendo a viva voz, “soy un maltratante de mujeres”, “soy machista”, “odio a los homosexuales”, “me gusta la corrupción”, “te voy a caer encima si no piensas como yo”.  Es en los momentos más íntimos, cuando piensas que nadie más allá de los “tuyos” te ve o escucha, que se reflejan esos defectos de carácter.

Las conversaciones “privadas” de Rosselló que han salido a la luz pública reflejan un problema serio de carácter, y denigran la gobernación y lo poco que nos queda de democracia.  Más allá de las palabras soeces y los insultos, el gobernador trivializa su cargo y los asuntos que le corresponde atender por mandato nuestro.

Todo el contenido del TelegramGate es sobre asuntos de gobierno. No estamos ante una conversación de panas hablando sobre si Lebrón James es mejor que Jordan, o sobre la última canción de Bad Bunny.  El gobernador está hablando de asuntos de política pública y de la relación de la gobernación con otras figuras e instituciones públicas. 

El medio, la sustancia y el lenguaje dicen mucho.  Usar la aplicación Telegram, que se reconoce, precisamente porque ni las autoridades gubernamentales investigativas pueden tener acceso a su contenido, es la primera señal que levanta sospechas.  Y que se use para gestiones oficiales, es la segunda señal.  En el pliego acusatorio de esta semana, las autoridades federales dicen que “oficiales y empleados gubernamentales utilizaron aplicaciones de mensajería electrónica, incluyendo Telegram, una aplicación de mensajes encriptados que se puede programar por sus usuarios para auto-borrar los mensajes (autodestruir).  Esta aplicación de auto-borrar mensajes fue frecuentemente usada para conducir asuntos gubernamentales oficiales” (traducción mía).  Rosselló, al promover el uso de Telegram para asuntos de gobierno, le envió un mensaje a su gente: la institución de la gobernación es como Las Vegas, lo que aquí pasa, aquí se queda.

Y además, está el lenguaje.  El ser humano gobernador tiene derecho a que le dé coraje, a que se le zafe un carajo y a molestarse con partidarios y adversarios. Pero esos reflejos de humanidad no pueden promoverse ni convertirse en política pública.  Además de ser insultantes y denigrantes, trivializan los asuntos del estado.  Si el gobernador se cree que enfrentar a la Junta de Control Fiscal se resuelve con un, “go fuck yourself”, el insulto no va a los miembros de la Junta sino a la institución que es la gobernación. Con razón ha fracasado ante la Junta.  

El gobernador ha convertido la secretividad, el insulto, la homofobia, el sexismo y la trivialidad, en política institucional de su gobernación.  Y ni hablar de la corrupción.

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