Víctor Rivera Hernández

Tribuna Invitada

Por Víctor Rivera Hernández
💬 0

Gobierno de Puerto Rico: funcionario vs. consultor

Aun cuando en estos días me encuentro fuera de Puerto Rico, específicamente en una misión académica en Madrid, hay un tema que persiste en el debate público y que merece nuestra atención. 

Es un secreto a voces que nuestra estructura gubernamental experimenta en espiral grandes cambios y transformaciones. La postmodernidad, el neoliberalismo, la tecnología, el cambio paradigmático generacional y las nuevas corrientes de gobernanza y de gestión pública han transformado dramáticamente la manera de concebir y de “correr” el gobierno. Estamos ante una nueva forma y manera de “hacer las cosas dentro del gobierno” y no necesariamente esa forma y manera sea la mejor.  

Uno de los cambios más visibles y de mayores consecuencias en nuestro modelo de administración pública surge del dilema del rol contemporáneo de los funcionarios de gobierno versus el rol del consultor gubernamental. Esto cada día trae mayor confusión, altera la lógica pública y se convierte en caldo de cultivo para la corrupción.  En días recientes, se ha visto como el rol del consultor externo, en varias instancias del gobierno central y municipal, se ha transformado.  Se adscriben a algunos consultores mayor poder decisional y operacional al que incluso tienen los jefes de agencias y su personal de confianza. Esto es peligroso y lacera los cimientos, ya en precario, de nuestro aparato público. 

En Puerto Rico, como en varias partes del mundo, existe una distinción técnica entre funcionarios y empleados de gobierno. A “grosso modo”, los primeros diseñan la política pública que, de ordinario, ejecutan y siguen los segundos. Consuetudinariamente, se les llama funcionarios a los jefes de agencia y a su personal de confianza que se encarga de diseñar política pública y que tienen la facultad para dirigir, delegar funciones y tomar decisiones de corte ejecutivo, administrativo, fiscal, programático y de recursos humanos.  Es en esa figura donde recaen las decisiones y las responsabilidades de la gobernanza pública.  

Reconociendo que, en muchas ocasiones, ese funcionario gubernamental carece de tiempo, pericia y especialización en tiempos y temas de complejidad, entra en el panorama la figura del consultor externo. En ese recurso deben concurrir competencias inequívocas de preparación académica, experiencia, inteligencia, sabiduría, pericia, especialidad, conocimiento y destreza, en ocasiones mayor que las que posee el mismo funcionario público que lo contrata. Esa figura se contrata con el objetivo de dotar al funcionario, a la agencia y al gobierno de un conocimiento “sui generis” mayor, que colabore en un mejor diseño, entendimiento y ejecución de política pública, de manera informada, desapasionada y profesional. 

Lastimosamente, cada día este perfil sugerido para el consultor externo escasea más, a causa del patronazgo, del inversionismo y clientelismo político, tan profundamente enraizado en el escenario público.  Es vergonzoso y antiético que esa escasez y ese vacío produzca como resultado inversionistas políticos de carrera quienes administración tras administración aparecen y desaparecen, lucrándose impunemente de los haberes públicos, utilizando sus influencias para su beneficio personal y distorsionando el rol que una vez tuvo la figura consultor externo gubernamental.   

Lamentablemente, administración tras administración, ambas figuras -el funcionario gubernamental y el consultor externo- en unos casos carecen de la vocación y las pericias necesarias y, en otros carecen de la disciplina, el rigor y el respeto que se necesita para servir. Subyace también en mi planteamiento, la falta de experiencia y cultura laboral sustantiva y procesal de muchos funcionarios y asesores, y el desconocimiento institucional del gobierno como centro gravitacional.  

En tiempos modernos, de complejidad, de crisis y de carencias, la gestión del funcionario gubernamental y del consultor externo, salvando las distancias, debe enmarcarse en la ética, en los contornos de política pública del gobierno, teniendo de referente indispensable al servicio público y lo que esto encarna.   

Otras columnas de Víctor Rivera Hernández

💬Ver 0 comentarios