Sila María Calderón

Punto de vista

Por Sila María Calderón
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Gobierno limpio para Puerto Rico

En las democracias, los gobiernos le pertenecen al pueblo. Los que gobiernan lo hacen a través del traspaso de poder que se da en el proceso eleccionario.

En otras palabras, lo hacen en fideicomiso, ya que ese poder y los haberes públicos son propiedad solo del pueblo. Es esencial el entendimiento absoluto de este postulado. De lo contrario, no se comprende a cabalidad la fuente del poder y la responsabilidad profunda que implica su ejercicio.

Es desde la cúpula de ese poder, o sea, desde la Gobernación, de donde deben emanar el rigor y la meticulosidad que se supone encarne cada administración.

El gobernante, desde el comienzo de su término, tanto en su actitud como en su verbo, es responsable de trasmitir en forma contundente a su gabinete, ayudantes y asesores la rectitud total y seriedad que regirán todos los aspectos de su administración.

Gobernar es dirigir, igualmente ofrecer servicios; pero más que ello, se trata de hacerlo con firmeza, sin ambages, con entendimiento y sensibilidad. El gobernante no solo gobierna, también enseña con el ejemplo. Una población de adultos, adolescentes y niños observan su comportamiento, sus expresiones, sus decisiones. Con ello, se convierte en modelo y maestro de todo un pueblo que ve en él o en ella su máximo dirigente.

Puerto Rico es un país de gente honrada que se siente orgullosa de su tierra y de sus tradiciones. Una de estas tradiciones es el respeto. Nos lo enseñan desde pequeños, no importa el hogar donde nos criamos. Sin embargo, no puede esperar respeto el que falta al respeto y con su ejemplo, permite que otros lo hagan también.

Gobierno limpio no es meramente una frase. Se trata de una obligación sagrada que se contrae al jurar el cargo con la mano sobre una Biblia. Se trata de administración pulcra. Se trata de firmeza en el proceder, de honestidad en el lenguaje, de consideración en la forma de relacionarse unos con otros y más que nada, de transparencia en los actos.

Gobierno limpio y respetuoso es lo mínimo que puede esperarse de funcionarios que llegan al poder a través de ciudadanos que, con su voto, depositan en ellos su confianza.

Los últimos tiempos han sido profundamente tristes para nuestro pueblo. Los servicios más fundamentales, Salud y Educación, amenazados por el desorden en el manejo de fondos federales, los escándalos, las cortinas de humo, los despidos continuos de funcionarios de confianza, las expresiones públicas contradictorias entre miembros de un mismo gobierno, los arrestos, las acusaciones federales, los “chats”…

¿Cuánto más pueden resistir los ciudadanos que año tras años fielmente pagan las contribuciones que con el sudor de su frente devengan? ¿Cuánto más pueden tolerar cuando aún se recuperan de un desastre que arrasó con sus vidas y propiedades?

Lo que ha estado sucediendo en Puerto Rico es sencillamente repudiable. ¿Hasta cuándo los puertorriqueños y puertorriqueñas se verán obligados a ser testigos silentes de este espectáculo? La paciencia tiene su límite. Esto es una vergüenza, una vergüenza para Puerto Rico. Basta ya.

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