Paul E. González

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Por Paul E. González
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Gracias, María

Gracias a María por fin tocamos el fondo que por muchos años nos decían que teníamos que enfrentar, para así entonces poder echar el país hacia adelante. Por los últimos dos meses hemos estado viviendo los momentos más retantes -social y económicamente- que les ha tocado vivir a las últimas generaciones. Y todavía nos queda mucho camino por recorrer y superar.

Sin embargo, gracias a María hemos sobrevivido a lo peor. Conociendo este lado nunca antes experimentado, tenemos nuestro corazón equipado para enfrentar el resto de nuestras vidas. Hemos resistido vivir y dormir en la oscuridad de la noche y sin una gota de agua para refrescar nuestros cuerpos acalorados. Aprendimos que podemos conectar con otros seres humanos sin la necesidad única de un teléfono inteligente o una señal de Internet. Sin distinción de clase social, este fenómeno retumbó en todos los rincones de nuestras conciencias.

Gracias, porque ahora entendemos el otro lado de la moneda.

En todo este tiempo, María nos ha dado tanto que todavía no hemos tenido el tiempo de procesarlo y agradecerlo. Ella logró que repensáramos todos los aspectos de nuestras vidas, con el fin de mejorarlos. Abrió nuestra mente a nuevas fronteras y oportunidades a las que le temíamos. Nos conectó más con la Madre Naturaleza y con nuestro instinto de sobrevivencia. Gracias a María desempolvamos comportamientos que andaban en cuarentena, los cuales se tradujeron en ayudar a nuestras comunidades, cuidar del vecino y hacer patria. Nos enseñó a vivir con poco y a no desear tanto. María ha sido tan sabia, que logró frenar nuestros estrésicos trenes de vida para que pudiéramos mirar alrededor y apreciar lo mucho que tenemos.

En medio de toda la algarabía con la que batallamos a diario, hay mucho calor humano. Tenemos que estar agradecidos porque hemos experimentado la buena vibra de la diáspora, el esfuerzo de las brigadas de ciudadanos que han hecho lo imposible por reconstruir lo que perdimos y porque ya se escuchan las palabras de esperanza de un pueblo que se levanta.

Todo esto y más, se lo debemos a nuestro adorado tormento, María.

Gracias.

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