Charlie Hernández

Tribuna Invitada

Por Charlie Hernández
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Gracias Shorty, harás falta

Esta semana despedimos a un gigante del arte.  Durante más de seis décadas dedicó su vida a entretenernos y hacernos reír.  Shorty Castro era extraordinario, único e irremplazable.  Vivió una vida poco probable: salió de la pobreza extrema del barrio La Quinta de Mayagüez del año 1928 y desafió los retos asociados al discriminen racial y social con su talento y voluntad.  Así, a puro mollero, logró destacarse como músico, bailarín, cantante, comediante y libretista. 

El mismo se reía al recordar cómo logró situarse entre las figuras principales de nuestra farándula: “imagínate, ¿cómo iba a ser eso?, negro, pobre, feo, chiquito y de Mayagüez”, dijo entre carcajadas en una entrevista.  Sus triunfos serían inevitables, sin embargo, pues poseía una mente creativa inagotable.  No había otra forma de explicar cómo pudo estar sobre 60 años creando y compartiendo su arte. 

Como cientos de miles de puertorriqueños, siempre sentí a Shorty Castro como parte de la familia. Era quien nos acompañaba a la tertulia familiar junto al televisor, era el de la chispa jocosa, era el que se crió “al ladito de casa”.  De manera elocuente, su éxito le decía a los más humildes de Mayagüez y del país que todo sueño era posible si estabas dispuesto a usar todo tu talento y todo tu esfuerzo.  Su éxito estuvo acompañado de la humildad que rodea a la verdadera grandeza.  Shorty, sin embargo, provenía de un Mayagüez que parece que perdimos.  En ese Mayagüez surgieron Chucho, Adrián García, Roberto Cole, José Nogueras, Wilkins, Rafael José, Hilda Ramos, Mon Rivera, Santitos Colón, Roberto Roena, Lucy Boscana y muchos más.  ¿Se está haciendo lo suficiente para mantener viva la cantera de talento local?

Siempre recordaré mi vivencia con Shorty.  Hace casi diez años atrás salía de un programa radial en el que discutía las noticias del día cuando recibí la inesperada llamada.  “Charlie -me dijo- te habla Shorty, quiero darte mi opinión sobre esas cosas que hablabas en la radio”.  La conversación fue amplia y exquisita; la guardo como un entrañable recuerdo. 

Al finalizar le pregunté: “¿qué hace el gran Shorty Castro pendiente de estas cosas de políticos?” Se rio y me dijo: “yo soy libretista y los políticos siempre tienen buen material”.  Tras las carcajadas mutuas me dijo: “además, le iría muy mal al país si sus artistas no estuviesen pendientes.  Si el pueblo perdiera la fe, siempre quedarían los artistas para crear esperanzas”.  Gracias Shorty, harás falta.

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