Carmen Maldonado González

Tribuna Invitada

Por Carmen Maldonado González
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Gratitud a los voluntarios que reconstruyen a Puerto Rico

No sé si a tí te ha pasado, pero luego del paso de los huracanes Irma y María comenzamos a descubrir casas y caminos que nunca antes habíamos visto. De súbito, montes y riachuelos salieron de la nada, como regalos escondidos que estaban ahí, pero con la prisa diaria, nunca los vimos.

Es una de las experiencias que hemos estado escuchando durante las últimas semanas, ese descubrir de cosas nuevas en el paisaje y cosas emocionantes en nuestros corazones. Este hecho me sirve de punto de reflexión para hablarles del inmenso valor del voluntariado.

Tal día como hoy se conmemora por al Organización de las Naciones Unidas (ONU), el Día del Voluntariado. De la misma manera que hemos descubierto cosas nuevas en el País, también he visto fortalecerse el valor del voluntariado en nuestras comunidades. Gente que que llevan en su ADN boricua el ¡ay bendito! para reaccionar con fuerza ante la adversidad. Son los hombres y las mujeres que echaron mano al hacha y machete y no esperaron por ayuda externa para abrir paso en sus comunidades.

La adversidad que hemos pasado se ha traducido en acciones, en muchas acciones, en acciones que no se amilanan ante las dificultades, como el toro que embiste en el poema de José de Diego. Como las mujeres que no dudaron ni un segundo en cruzar el caudaloso río que arrasó con el puente en el Barrio San Lorenzo aquí en Morovis. Mujeres que agarradas de un cable metálico amarrado a dos árboles a las orillas, cruzaban para buscar asistencia médica, lo mismo para un hijo, que para un desconocido, porque a ambos se les reconoció el mismo valor.

Ninguna esperó algo a cambio, pero una sonrisa o un abrazo les sirvió de aliento para hacerlo nuevamente. Voluntarios que han llegado y siguen llegando desde todos los pueblos de Puerto Rico a traernos ayuda, alimentos, agua, medicinas, juguetes para los niños y hasta artistas de teatro como el grupo creador de la seria comedia "¡Ay María!". Gente que llegó a nuestra plaza por instinto, sabiendo que donde hay una iglesia y una alcaldía, está la plaza, porque los letreros se los llevó el viento.

Nunca olvidaré las cajitas delicadamente amarradas para proteger dulces y alimentos que nos llegaron desde un colegio en Guaynabo. Lo mismo nos pasó con un cargamento de alimentos en polvo para bebés, en cuyas etiquetas alguien había escrito en tinta versículos de la Biblia, que nos hablaban del amor de Dios y del valor de la solidaridad. Nunca sabremos sus nombres, pero siempre recordaremos a estos voluntarios. Todos esos voluntarios que dieron, están dando y seguirán dando de lo que tienen, sabiendo que algunas manos atesorarán los alimentos, el agua, los medicamentos que nos llegan.

Lo mejor de toda esta experiencia del voluntariado es que generan una energía expansiva que nos alumbra las almas y nos sirven de baterías para seguir ayudando a otros en silencio, en abrazos llorosos y desde hace algunas semanas, en visitas al son del cuatro y panderos. Porque encima de valientes, nuestros voluntarios son bullangueros, con la alegría que contagia y que cura heridas.

Cada sábado, en Morovis convocamos a todos los grupos comunitarios, deportivos y religiosos para ir limpiando escombros y añadiendo orden a las vías públicas, para hacer causa común con los trabajadores municipales que no conocen el descanso. Y los voluntarios llegan con las manos listas y el alma orgullosa de saber que estamos haciendo todo por amor, por solidaridad, por limpiar las lágrimas y salir adelante. Lo vemos cuando llega la botella de agua de la vecina agradecida, llega con el plato de comida que milagrosamente llega caliente a pesar de venir de tan lejos. Llega cuando cedes el paso en la intersección, porque no quieres hacerle daño a un desconocido, ayuda que llega porque quermos hacerlo, llega porque lo llevamos en la sangre, porque los puertorriqueños somos así.

En tu día, querido voluntario, quiero darte las gracias. Con tus acciones demuestras que la esperanza es más que un noble sentimiento, es acción y es solidaridad que construye. Gracias.

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