Chu García

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Por Chu García
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Gregg Popovich y su consigna de ganar

Su rostro rojizo, cabellera blanca, carácter agrio y dieta perenne de sonrisa, convierten a Gregg Popovich, de padre serbio y madre croata, en un ser especial, que solo le interesa ganar y que jamás duda en regañar a sus estrellas de turno, que en la actualidad son LaMarcus Aldridge y DeMar DeRozan; el ido a Toronto, Kawhi Leonard; Tony Parker, con Charlotte Hornets: y los retirados Tim Duncan y Manu Ginóbili.

Para él, líder de todos los tiempos en triunfos de la NBA, con 1,413, al superar el sábado pasado como visitante, 101-96, a Denver, el fin justifica los medios, al estilo de Maquiavelo, más que todo en astucia; y tampoco le disgusta ser malcriado con los árbitros y los periodistas que gustan de hacer preguntas tan obvias que ofenden su orgullo y dignidad.

Bajo su mando, San Antonio Spurs ha obtenido cinco cetros, el último en 2014, y lleva 22 apariciones corridas en los playoffs, salvo en su debut en 1996; y hace tiempo que sus propios colegas le consideran el mejor en la composición colectiva, en la que se evita la individualidad e insiste siempre en la ofensiva precisa que nazca en la defensiva férrea.

Apodado Pop, se graduó de la Academia de la Fuerza Aérea, con un bachillerato en Estudios Soviéticos, considerando una vez ingresar a la CIA, y luego hizo una Maestría en educación física y ciencias deportivas en la Universidad de Denver.

A pesar de su estrellato, no le ha importado ser ayudante en la Selección Nacional de George Karl, en el Mundial FIBA de 2002, pero ahora le ha tocado ser el reemplazo de Mike Krzyzewski, en la justa universal de agosto en Japón.

Sin embargo, aunque no lo parezca, Popovich es un ícono del trabajo humanitario, y pertenece a varias instituciones benéficas estadounidenses e internacionales, habiendo recibido mucho apoyo de su esposa, Erin, fallecida en abril de 2018, lo que le afectó emocionalmente durante muchos meses.

Como defensor acérrimo de la justicia social y los derechos de la mujer, no se cansa de lanzar dardos venenosos contra Donald Trump, a quien tilda de loco y ególatra.

Tenemos, pues, que Popovich no es un popcorn con mantequilla, sino una papa asada en el horno que solo usan los valientes.

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