Ingrid Vila Biaggi

Tribuna invitada

Por Ingrid Vila Biaggi
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Hablar basura

Una cosa es hablar basura y otra es entenderla. El jueves la Junta de Calidad Ambiental emitió el endoso de calidad de aire para el proyecto de incineración de desperdicios sólidos propuesto para Arecibo. Es importante que se comprenda el impacto de esto en nuestra posibilidad para alcanzar un futuro sustentable.

En Puerto Rico generamos más de 8,000 toneladas de basura al día. Sólo reciclamos el 14%. El resto termina en nuestros vertederos, muchos de los cuales no cumplen con la reglamentación federal para prevenir contaminación de terrenos y aguas subterráneas. Es claro que hay que cambiar el curso de cómo manejamos nuestros desperdicios sólidos. Pero, ¿es la solución incinerar? ¡Quememos y enviemos a la atmósfera nuestros problemas! ¿Le parece razonable? Podría haber sido una solución sensata 100 años atrás cuando la basura se tiraba al mar y no se tenía tanta información sobre la relación entre ser humano y su ambiente; pero, ya es harto conocido que nuestras acciones individuales y colectivas dejan una huella permanente en la Tierra.

La incineración es contaminante y punto. Tanto así que el permiso de aire federal se llama “Prevention of Significant Deterioration”. Esta incineradora emitirá al aire contaminantes como plomo, mercurio, arsénico y cromio. Para algunos de estos la Agencia de Protección Ambiental no tiene siquiera estándares en aire, como en el caso de arsénico y cromio; pero aún así el permiso se emite. No se trata sólo de cumplir con la reglamentación federal actual sino de cuál debe ser nuestra política pública en el manejo de la basura.

¿No hemos dejado huella suficiente ya para futuras generaciones contaminando terrenos y sistemas de agua para ahora también deteriorar el aire? Porque tampoco es que la incineradora resolverá los problemas de los vertederos. La propuesta no es desenterrar basura de vertederos existentes para irlos limpiando. No, esos continuarán contaminando por décadas. Simplemente vamos a completar el ciclo de contaminación de la basura: agua, tierra y ahora aire.

Siendo una actividad contaminante, por qué tanta insistencia con este proyecto. Porque es un negocio redondo. Porque los desperdicios sólidos son un recurso que deja mucho dinero y la forma en que se propone establecer esta empresa no conlleva mucho riesgo para quienes la impulsan. Nosotros echamos al zafacón, el municipio recoge y viene obligado a llevarles la basura para garantizar el volumen de sobre 2,000 toneladas diarias que necesitan para generar ingresos. Y el día que el negocio no sea rentable, quiebran y nos dejan allí un adefesio al estilo Corco en Peñuelas y una montaña de ceniza, atentando contra el entorno natural que alberga la región.

Los propulsores del proyecto lo defienden apuntando al crecimiento que ha ganado la incineración en Europa y Estados Unidos. Si es bueno para ellos, ¿por qué no para nosotros? La respuesta es sencilla: por la misma razón que la energía nuclear no es sensata para nosotros aunque es bien barata y tiene gran acogida en otros países. ¿Cuándo entenderemos que en el examen de reconstruir el País no nos podemos copiar y que hay condiciones inherentes por razón de ser una isla tropical que debemos proteger? Hay que tener capacidad de discernimiento para definir cuál debe ser nuestra solución.

La incineración a una escala como la que se propone para una isla 100 x 35, con uno de los índices más altos de asma en el mundo y donde nunca ha habido una gestión real de impulsar el reciclaje no lo es. Una promesa de inversión y 150 empleos para contaminar el aire que todos respiramos, atentar contra ecosistemas naturales que nos protegen como el Caño Tiburones y el Bosque Cambalache, y tronchar las posibilidades de reciclar en el futuro, no puede ser buen negocio para el País.

Como alternativa, impulsemos todo el andamiaje necesario para que el reciclaje funcione: legislación, unos pocos incentivos, una plaga de zafacones para dividir la basura, educación masiva y voluntad. Reciclar las toneladas que se proponen incinerar generaría actividad productiva en el País y sobre 1,500 empleos. En vez de enterrar o incinerar, vamos a movernos de una vez y por todas a reducir, reusar y reciclar. Rehusemos seguir como espectadores pasivos mientras se habla de basura.

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