Jorge Schmidt Nieto

Punto de vista

Por Jorge Schmidt Nieto
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¿Habrá vida para los demócratas después del “impeachment”?

El “impeachment” de Trump acabó como se esperaba, en nada. Se enmarcó en una semana de victorias políticas para el presidente, que incluyeron el desastre de las primarias demócratas en Iowa el lunes y el enérgico mensaje al país el martes. No es un buen momento para la oposición.

Ahora el liderato legislativo demócrata enfrenta un dilema, entre continuar investigando al presidente para encontrar violaciones de ley adicionales, o enfocar su política pública, como alternativa a la de Trump. La oportunidad dorada para mantener vivo el escándalo de Ucrania se presentó con la esperada publicación del libro de John Bolton, exasesor de seguridad nacional de Trump. Bolton asegura que el presidente le ordenó directamente extorsionar al presidente Zelenski, además de otras irregularidades que aún no ha divulgado.

Algún comité de la Cámara de Representantes podría citar a Bolton para que declarara, bajo juramento, lo que vio durante su breve estadía en la actual administración. Su deposición no abriría un nuevo juicio de residenciamiento, pero mantendría vivos los temas del abuso de poder y la intervención extranjera en las elecciones. Sin embargo, tampoco permitiría acabar con el rumor de corrupción contra Joe Biden y su hijo, que ya demostró su efecto negativo en su mediocre desempeño en las votaciones de Iowa. Por otro lado, la insistencia en investigar a Trump, aun cuando ya hubiera acabado el juicio político, podría resultar contraproducente en las elecciones de noviembre.

El Partido Demócrata no ganará las elecciones si se limita a oponerse a Trump. Debe ofrecer una propuesta alternativa, que corrija los desaciertos del presidente, que detenga sus políticas divisivas y que promueva un mejor país. No es suficiente con evidenciar el carácter autoritario y el desprecio a la ley de Donald Trump. Necesitan presentarse como una mejor opción, frente a un adversario que maneja magistralmente su personalidad pública. Hasta ahora no lo han hecho.

El mensaje al país de Trump se valió de numerosas estrategias de mercadeo. Se concentró en la baja del desempleo, su mayor logro. Poco importó en su discurso que esa tendencia hubiera comenzado en el año 2010 con Barack Obama. También manipuló exageradamente las imágenes emotivas de víctimas del terrorismo, estudiantes desventajados, militares distinguidos y minorías étnicas auto superadas. Su mensaje, tipo “reality show”, no careció de drama e incluso motivó a los demócratas a aplaudirlo en varias ocasiones, pues nadie quiso lucir antipatriota frente a las cámaras de televisión.

La división partidista que domina el gobierno estadounidense actualmente no tiene precedentes históricos. No ha habido en Washington ese nivel de fragmentación política desde antes de la guerra civil, cuando el país aún definía sus instituciones políticas y sus fronteras definitivas. Aquella división tuvo un desenlace desastroso y tomó un siglo recuperarse. Hoy, la intolerancia reina nuevamente en el gobierno federal. El presidente le niega el saludo a la presidenta de laCcámara, quien en venganza desgarra las páginas de su discurso. Fue un terrible ejemplo para los jóvenes que observan y sueñan con algún día ocupar su lugar.

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