Luis Rafael Sánchez

Desnudo Frontal

Por Luis Rafael Sánchez
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Haciendo camino al andar

El presidente Barack Obama condecora a la actriz Miriam Colón. El recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico celebra el arte trastornador de Gilda Navarra. El recinto de Bayamón de la Universidad de Puerto Rico celebra la formidable lucidez crítica de Arcadio Díaz Quiñones. El señor Antonio Arraiza escribe al periódico El Nuevo Día e invita a honrar, en vida, a Justino Díaz.

Cuatro homenajes a cuatro personas con figuración de personajes. Cuatro muestras de gratitud a gente que pasa y que deja. Porque pasar pasamos muchos. Porque dejar son pocos los que dejan.

Pero, ¿qué significa dejar cuando se trata de creación? Significa dejar mejorado cuanto se heredó. Significa dejar obra y esperanza al margen de las insatisfacciones que minan al creador.

Hagamos repaso de obras y esperanzas.

1. Al desempeño estudiantil en el Departamento de Drama de la Universidad de Puerto Rico debe Miriam Colón la resonancia temprana de sus méritos. La chispeante transformación en “La dama duende” de Calderón de la Barca. La filmación junto al legendario Diplo de “Los peloteros”. Luego vendrá el traslado a Nueva York donde batallará con el idioma inglés y los prejuicios.

De ambas batallas sale ilesa y fortalecida. Cuanta oportunidad se le brinda la enfrenta con la disciplina y la insatisfacción creadora como armas. Teatro. Cine. Televisión. El establecimiento del Puerto Rico Travelling Theatre y su posterior recaladura en un espacio en el corazón de Manhattan, dedicado a la representación de la dramaturgia latinoamericana en general y puertorriqueña en especial. Miriam Colón deja que cuero y pellejo testimonien en su nombre.

2. Una experiencia insólita esperaba a quienes asistíamos a las representaciones del Taller de Histriones, el grupo que Gilda Navarra moldeó a su imagen y semejanza. Y era el estallido del silencio apenas el telón descorrerse. De la unión fluida de silencio y movimiento surgía una representación que enamoraba los ojos, primero, y los sesos, después. Una representación que era producto del trabajo destilado a lo largo de meses de ensayo, poda y corrección. Excepcional y tiránica, excepcional y arbitraria, excepcional y exigente, Gilda Navarra no les toleraba a sus histriones muestras de molicie, cansancio o haraganería. De la amorosa intolerancia nació un discipulado que, tras interiorizar el rico legado, hoy brilla en la escena nacional.

3. En “El arte de bregar”, en “La memoria rota”, en “Sobre los principios”, Arcadio Díaz Quiñones formula una reflexión de signo multidisciplinario a propósito de las dichas y desdichas de nuestro país. Un país subyugado por una teta imperial, seca ya. Un país al que ni el médico chino salva de la senilidad colonial. Un país harto de los fuegos artificiales con que los líderes políticos intentan distraerlo.

Con la ayuda de metáforas de franca novedad, como son la brega y la memoria rota, la inteligencia precisa de Arcadio Díaz Quiñones le construye una azotea al país de cuatro pisos. Desde allí activa una mirada provocadora a la Historia en caliente. Esa historia que suelta chispas y echa candela, como alardeaba la guaracha cantada por Myrta Silva. La historia en caliente, más la sociedad y el arte que se fraguan a la sombra de tanto calor, sirven al observador hondo, alerta y tenso que modela Arcadio Díaz Quiñones para indagar la complejidad de cuanto se nombra Puerto Rico. Incluido el Puerto Rico que se continúa allende el mar.

4. El señor Antonio Arraiza escribe al periódico El Nuevo Día e invita a honrar, en vida, a Justino Díaz. Para validar el buen juicio de su invitación advierte que no conoce a nuestra gran figura del “bel canto”. Bravo por el señor Arraiza.

No voy a escribir que me honra conocer a Justino Díaz. Suena pomposo y de la pompa huyo. Mejor escribo que mi sensibilidad igual se nutre cuando lo veo en el escenario que cuando lo frecuento fuera del mismo. Mejor escribo que bautizar con su nombre cualquier sala teatral, cualquier calle o avenida o plaza, digamos la del santurcino Centro de Bellas Artes, sería un reconocimiento que arroparía de prestigio la sala teatral, la calle o avenida o plaza. Mejor escribo que festejar el esplendor interpretativo de Justino Díaz combate las acechanzas que sufre la cultura, día a día. La cultura, de siempre rebajada entre nosotros a otra ilustre fregona: se la elogia mucho y se la subsidia poco.

Miriam, Gilda, Arcadio, Justino, gracias por tanto. Sobre todo, gracias por convenir con el poeta en que no hay camino. El camino se hace al andar.

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