Sila María Calderón

Punto de vista

Por Sila María Calderón
💬 0

Hambre en Puerto Rico

P ara muchos en Puerto Rico, la pobreza es una abstracción. No la ven, no la conocen, no la sienten y no la entienden.

Pero la pobreza, en toda su terrible realidad, es un horror que solo lo comprenden los que la viven. Significa no tener empleo, no tener ingresos, no tener techo, no tener ropa y, últimamente, también quiere decir no tener de comer y pasar hambre.

Nuestra Isla lleva muchos años enfrentando eventos que han puesto a prueba la entereza y supervivencia de nuestro pueblo. Antes de la depresión económica, de la quiebra, los huracanes, los terremotos y, ahora, la pandemia, casi la mitad de nuestros compatriotas vivían en la penuria. Al presente, me atrevo señalar que mucho más de la mitad de nuestra población así vive.

Pero las cifras no son solo números. Son seres humanos: ancianos, hombres, mujeres y niños que tienen rostros, nombres y apellidos. Son personas de carne y hueso que desean continuar accediendo a lo imprescindible para subsistir porque quieren seguir viviendo, como lo queremos todos.

Desde hace casi siete semanas, vivimos un cierre y cuarentena obligatoria y pertinente. Sin embargo, la falta de acceso a servicios tan básicos como la alimentación se ha agravado dramáticamente por la cantidad de desempleados y por el lento acceso a fondos o a formas y maneras de conseguir comida.

Antes de escribir estas líneas, tuve conocimiento de lo que ha estado sucediendo en el Banco de Alimentos en Puerto Rico. Ello me llevó a comprender la enormidad y el espanto de la situación que enfrentamos al presente. La desesperación por la comida ha llegado a un punto de crisis desconocida para la mayoría de los que no tenemos esa necesidad. Ese organismo no da abasto, en estos momentos, para atender una circunstancia que ha cobrado una magnitud inesperada. El sistema de distribución del Banco de Alimentos se ha quebrantado y la cantidad de llamadas resultó en el colapso de su sistema telefónico. Al parecer, el gobierno le ha hecho cuatro entregas de paletas de alimentos que cubrieron las primeras semanas de la cuarentena. Ello dejó al descubierto tres semanas de requerimiento de comida para los puertorriqueños que no la tienen.

Aparentemente, el sector público no ha entendido que el problema del hambre, en Puerto Rico, es real en estos momentos. Los comestibles que se han distribuido son una ínfima parte de lo que se necesita para cubrir la inseguridad alimentaria de más de un millón de personas.

Es inminente abrir los comedores escolares. Esa es la clave para dar desayuno y almuerzo a los niños diariamente. No significa ello que la comida se ingiera allí. Con buena logística y organización estricta, los alimentos se pueden preparar para que los niños y sus familias los recojan en los comedores accesibles y cercanos a sus comunidades.

Al mismo tiempo, es indispensable que se acelere y se aumente la distribución de víveres que tiene elgobierno en sus almacenes en Caguas y se dirija a los centros de distribución en la Isla, incluyendo al Banco de Alimentos. La alimentación es un proceso continuo. Hay que flexibilizar y hacer viable este renglón tan importante para la subsistencia, y enfocar la atención prioritaria en la emergencia de la pandemia y salvar las vidas de los ya enfermos o de los que puedan quedar contagiados. Y, sobre todo, es necesario hacer llegar los dineros por desempleo y las ayudas federales y estatales aprobadas, y así las personas y familias puedan ir resolviendo.

Las anteriores acciones han sido y son un clamor generalizado. Recientemente, la comisionada residente Jenniffer González, entre otras figuras públicas, lo ha solicitado. También, el senador Eduardo Bhatia lo dijo de la siguiente forma: “¡Por amor de Dios, abran los comedores escolares!”

Me uno al anterior clamor. Se deben llamar a los empleados de los comedores escolares para que regresen a trabajar. Si se desea protegerlos, estoy segura que los alcaldes y su gente se ocuparían de llevar a cabo dicho trabajo. Además, conociendo el corazón generoso de los puertorriqueños y puertorriqueñas, cientos de voluntarios se unirían a hacer esta labor con las debidas protecciones. Yo sería la primera.

Otras columnas de Sila María Calderón

jueves, 14 de mayo de 2020

¿Para robarse las elecciones?

Este proyecto de ley leonino y antidemocrático haría de nuestro proceso electoral algo que nunca ha sido: inestable, peligroso y desconfiable, escribe Sila M. Calderón

domingo, 15 de marzo de 2020

¡Gobernadora, no lo firme!

El proyecto de ley de la mayoría nuevoprogresista, que se encuentra bajo su consideración, burla los principios democráticos y nuestro historial de consenso en asuntos electorales, escribe Sila María Calderón

💬Ver 0 comentarios