Edwin Sierra González

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Por Edwin Sierra González
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Hamilton y su lance mortal

Alexander Hamilton, nacido en las Antillas Menores, en Charlestown, isla de Nieves, fue hijo del comerciante de origen escocés James Hamilton y la hugonote franco-inglesa Rachel Faucette. Nacido fuera de matrimonio, es abandonado por su padre y queda huérfano tras la muerte de su madre. Criado por su primo y una familia de comerciantes, sus destrezas e inteligencia lo llevaron a estudiar a King’s College, hoy Universidad de Columbia en Nueva York, financiado por un grupo de isleños locales ricos. Llegado a la ciudad, en aquel momento territorio británico como su isla de procedencia, el joven Hamilton demostró su inconformidad con la situación colonial, por lo que se sumó a los movimientos independentistas que desembocaron en la república estadounidense. A partir de la independencia, la política, las leyes y la economía fueron su vida y un trinomio intenso que, algunos afirman, acabó con su vida.

Su afán político por el fortalecimiento del gobierno federal le llevó a tener enfrentamientos en su carrera política con otros hombres cuya visión de Estado chocaba con la suya en algún aspecto. Entre estos estuvo John Adams, a quien no apoyó para su reelección para la presidencia, y Thomas Jefferson, a quien llegó a apoyar a pesar de sus diferencias políticas en cuanto al modelo de Estado a construir. También se opuso a la elección presidencial de Aaron Burr, relegándolo a la vicepresidencia. Los encuentros con este último serían más intensos, llegando al ámbito personal, provocando escándalos y un duelo a muerte entre ambos.

Duelo y honor

El honor u honra de un hombre, mujer o su familia, es una cuestión que ha estado ligada a la humanidad por siglos, aunque era el hombre quien incurría en tal defensa. Durante la Edad Media eran conocidos como “Justas”, un enfrentamiento entre dos hombres a caballo y con lanza. En aquel momento, aunque no dejaba de ser un ejercicio violento, era más una cuestión de demostración de valentía, destreza y fuerza, y no una lucha por un honor herido o perdido. Como todo, evolucionó e igualmente, reyes como Carlos de Anjou y Pedro III de Aragón, vieron en el duelo una oportunidad para conquistar tierras, aunque no llegaron a materializarlo. Incluso, hay quienes le llegaron a nombrar como “Juicio de Dios”, arguyendo que el resultado era una revelación divina donde el vencedor era protegido de Dios.

Los códigos de honor, su reparación y sus duelos o lances, como también se les conoce, tomaron la manera formal que hoy le adjudicamos luego de la Edad Media, o sea, hacia el siglo XV. Esto se atribuye en parte al éxito de una obra del jurista italiano Andrea Alciati, quien llegó a definir lo que es honor y como reparar los daños que le fueran ocasionados. Asimismo, los duelos desarrollaron niveles de intensidad según la ofensa. Aunque había duelos a quien primero sangrara, los que más calaron fueron los duelos a muerte. Estos últimos comenzarían con armas blancas para luego pasar a usar armas de fuego.

Estados Unidos y el Caso Burr-Hamilton

El duelo en los Estados Unidos es, como en la mayoría de América, una trasplantación y arraigo producto de la colonización europea, aunque se han visto casos de tribus como los Navajos que tenían sus propias versiones de duelo en sus códigos de conducta. Durante este periodo, países como Francia y España, prohibieron y castigaron la conducta duelista para obligar al uso de los tribunales ordinarios para dirimir diferencia e injurias, pero no sirvió de mucho. Por su parte, Inglaterra, decretó a principios del siglo XVIII, tras ser testigo de un duelo salvaje acabado en asesinato, la prohibición de espadas en los duelos y permitir solo armas reglamentadas. El duelo en cuestión fue escenificado por Lord Mohun y el Duque de Hamilton, quienes peleaban por apropiarse de unas tierras sin heredero directo. El duque murió asesinado en medio de un ataque de venganza. Esta situación puedo haber alentado la reglamentación o prohibición  dentro de las trece colonias, así como la migración irlandesa cuyo código de 1777 tuvo amplia influencia. 

El papel que jugó Hamilton en el desarrollo político y económico de la novel república no es en lo mínimo despreciable. Su discurso y capacidad de convocatoria lo llevaron a movilizar e influenciar elecciones. El caso más recordado, dado que trascendió el aspecto político y acabó con su vida, fue la rivalidad que protagonizó con Aaron Burr, de quien se afirma llegó a tener una “opinión despreciable”. La oposición de Hamilton hacia Burr influenció en la derrota del último en la carrera a la presidencia de la república en 1800 y, posteriormente, la gubernatura neoyorquina en 1804. 

Tras la derrota por la gubernatura, se publicaron unas cartas en el Albany Register en las que se mencionaban los supuestos comentarios que Hamilton había proferido contra Burr. Esta no es era la primera vez que Hamilton se hallaba en el escrutinio público ya que en 1797 se vio envuelto en un escándalo sexual que puso en entredicho sus ejecutorias en el tesoro estadounidense. Una vez más en el ojo de la tormenta, Hamilton alegó no recordar las acusaciones ni los improperios que se le adjudicaban, por lo que no podía responder a la exigencia de disculpa mediante carta demandada por Burr. En principio, se ha dicho que Hamilton no buscaba que se realizara ese duelo, por lo que apelaba a la razón. A pesar de esto, Burr no se retractaría ni llegaría a un entendimiento con Hamilton.

En aquel entonces, los duelos estaban prohibidos en la ciudad de Nueva York e incluso, desde el movimiento separatista, fue rechazado por George Washington, quien lo consideraba contrario a los intereses de la causa. Por ello, se movieron a Weehawken, en Nueva Jersey, al otro lado del río Hudson que sirve como frontera entre ambos estados. El duelo se escenificó el 11 de julio de 1804. Tras los pasos de rigor, ambos dispararon con segundos de diferencia. El tiro de Hamilton no hirió al vicepresidente Burr, pero el tiro de este último hirió a Hamilton de muerte al atravesar hígado y diafragma para alojarse en la vértebra lumbar. Hamilton moriría al día siguiente, 12 de julio de 1804. Mucho se piensa sobre las injurias hechas hacia el entonces vicepresidente, desde cuestiones políticas hasta acusaciones sobre incesto con su hija Theodosia, siendo esta la más rechazada y las diferencias políticas la más defendida, dada la relación chocante entre ambos.

Con su muerte, nace uno de los duelos más célebres de la historia estadounidense, pero terminó una de las relaciones políticas más ardidas y encontradas de la entonces joven nación.

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