Silverio Pérez

Tribuna Invitada

Por Silverio Pérez
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Hartos con J

Sugiero a los diseñadores de tecnología moderna crear un reloj de muñeca, de esos inteligentes, que pueda darnos, como hace con el pulso y la presión, el nivel de hartura, irritabilidad, hastío, enfogonamiento -o palabras similares-, desespero, fastidio, tedio, que se siente en este país que no acaba de levantarse.

Los resultados serían alarmantemente altos. Se siente en la calle, en las oficinas, en los hogares y en cualquier lugar donde la gente interacciona. Los ciudadanos le dieron una oportunidad a la esperanza, a los slogans positivos, al plan del plan del gobernador y sus buenas intenciones, pero ¡ya!

Creo que después del 15 de diciembre, cuando el país seguía a oscuras a pesar de la promesa -luego corregida- del Gobernador de que el 95% de la población tendría servicio de energía eléctrica, los niveles de hartura comenzaron a escalar y en estos momentos romperían el “jartómetro” si así se le llamara a lo que mida cuando la ciudadanía está hasta la coronilla. A falta de esa tecnología me fui por ahí, con el oído en tierra, ejercicio que le vendría bien hacer a los políticos, y miren las mayores fuentes de enfogonamiento que encontré.

La gente está harta con J de que a pesar de la cantidad de camiones de reparación de tendido eléctrico de diversas compañías estadounidenses que pululan a diario por las carreteras del país, sigue una tercera parte de la población sin ese servicio esencial. La gente está harta con J de los semáforos apagados que ponen en peligro la vida de las personas. ¿No hay posibilidad de energizarlos con placas solares? Y si no, ¿no puede haber un bendito policía que se dedique a dar tránsito en las horas pico?

La gente está harta con J de los funcionarios que han adoptado el “such is life” como filosofía de vida y responden, embriagados de un poder que nunca tuvieron, con insensibilidad y soberbia antes justos reclamos de ciudadanos y alcaldes. La gente está harta con J de la inseguridad que se vive en las calles, carjackings a plena luz del día, mientras el encargado de la seguridad del país devenga un salario mayor que la Secretaria de Home Land Security de los Estados Unidos y no se ven los resultados correspondientes a ese escandaloso salario. Y hablando de salarios, la gente está harta con J de que en este país quebrado otros secretarios de gabinete ganen sueldos astronómicos diametralmente distintos a maestros, policías, enfermeras, y otros trabajadores que se fajan de campana a campana para que el país sobreviva.

La gente está harta con J de la politiquería y las ansias de poder que provocan situaciones escandalosas como la del poco honorable juez que discutía sus decisiones con miembros de la campaña del entonces aspirante a la gobernación Ricardo Rosselló y que ahora se investiga, no como el producto de la necesidad de establecer normas de pulcritud en el servicio público, sino como parte de una lucha fratricidaentre tres sectores del partido en el poder mirando ya a las posiciones políticas que aspiran a ocupar en el 2020.

La gente está harta con J de que nuestra vida dependa de las migajas que caen de la mesa de un Congreso al que ya no le importamos y de un Presidente que vive un reality show diario donde Puerto Rico no está en sus más remotos planes. Prefiere dar un espectáculo de poder con un gran desfile militar en lugar de resolverle problemas básicos a la colonia de la que sus compañías multinacionales extraen billonarias ganancias.

La gente está harta con J de la protección a los enfermitos sexuales que se han colado en el gobierno, del tape, del mirar para otro lado, del “me equivoqué al enviar ese mensaje a los empleados” sin reconocer que el problema no es el envío del mensaje, si no el tipo de mensaje en el que se regodea.

En fin, la gente está harta con J, y por eso se van masivamente del país. Un país harto con J puede tomar decisiones insospechadas. Políticos… cuidado.

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