Rosa Luisa Márquez

Tribuna Invitada

Por Rosa Luisa Márquez
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¡Hasta la victoria siempre, Maestra Victoria!

Querida Vicky:

Hace 12 años leí ante ti y ante decenas de teatreros en la apertura de tu teatro, el Victoria Espinosa, la siguiente semblanza. Ahora porque me lo solicita una compañera periodista la reviso, edito y añado.

Me detengo en tu nombre: Victoria Espinosa, nombre siempre iluminado en la marquesina de un teatro en Santurce, donde naciste; tu teatro, donde eres la eterna protagonista.

Vamos a las definiciones del Diccionario de la Real Academia Española:

victoria1.

1. f. Superioridad o ventaja que se consigue del contrario, en disputa o lid.

2. f. Vencimiento o sujeción que se consigue de los vicios o pasiones.

(En tu caso no hace falta la disputa, ni la sensación de orgullo por haber vencido. Tu victoria está basada en décadas de cultivo de un oficio, con pasión, rigor, afecto y generosidad.)

espinosa.

1. adj. Que tiene espinas.

2. adj. Arduo, difícil, intrincado.

(No, no fue fácil, ni regalado; trabajaste mucho para conseguir lo logrado. Eres, porque todavía es así, una teatrera integral: actriz, directora, productora, dramaturga, diseñadora, administradora, madre y sobre todo maestra. Tus miles de discípulos lo atestiguan. Eres ejemplo vivo. Casi cien años de Compañía que no de Soledad. El papel no aguanta tanto. Seré breve y selectiva…

Tuviste una envidiable carrera. Naces hace casi un siglo, en el mismo año en que se construye el Teatro Paramount, cerca de tu vecindario; mientras las compañías de teatro español visitaban la isla antes de la Guerra Civil española y Federico García Lorca iba imaginando La Barraca que luego inspiró tu Teatro Rodante donde te desplazabas en pantalones antes de que nos permitieran usarlos en la Universidad. Eran otros tiempos. Entonces, fuiste testigo activo del Teatro Universitario convertido en sede del Departamento de Drama.

Terminas tu especialización bajo la dirección de los maestros Leopoldo Santiago Lavandero y Ludwig Schajowicz, filósofo del teatro.

Sobre tus incursiones teatrales de entonces, dijiste:

“Fue en el Rodante donde llegué a interpretar el papel de la Buscona en Sancho Panza en la Ínsula Barataria y el de Natalia en Declaración amorosa. Pude experimentar un día en carne propia la sensación única de tener al público tan cerca como a unas pulgadas de distancia. Un espectador entrado en palos, quiero decir borracho, estaba tan cerca que casi podía tocarnos si hubiera querido. Lo interesante fue que se convirtió en un apuntador en contrapunto que repetía palabra a palabra todo nuestro diálogo durante toda la obra con la aprobación repetida del público.

Y de pueblo en pueblo con el vértigo de la carrera, a todo pulmón, entonando nuestro himno nos acercábamos al poblado en que se llevaría a cabo la próxima representación.

“Compañeros marchemos adelante, que hasta el campo tenemos que llegar. Dando vivas al Teatro Rodante y al emblema de la Universidad”.

Esa experiencia marcó tu relación con el público, tu deseo de tocarlos física y espiritualmente, tu capacidad de hacer teatro en cualquier lugar. Cuantas historias tienes Victoria. Cuantas victorias tiene tu historia. Para muestra estos botones:

En 1958 dirigiste Los soles truncos para el Primer Festival de Teatro Puertorriqueño en el Teatro Tapia junto a tu marido, Luis Maisonet, quien hizo la escenografía y a tu discípulo amado, Luis Rafael Sánchez, que fue uno de los apuntadores. ¿Cuántas obras montaste del repertorio nacional, latinoamericano, europeo, asiático? ¿Cuántos ideas defendiste, atacaste, revalorizaste?

Mujer, puertorriqueña y negra, eres Victoria Valiente:

Areyto pesaroso, que escribiste y dirigiste culminó con el himno nacional y provocó la censura de la administración universitaria de entonces.

Para México y Puerto Rico escribiste y dirigiste El negro en América sobre la 

Espinosa historia racial del país. A veces eres incómoda, Victoria.

Del 1964-1969 viajaste a México a completar un doctorado en teatro sobre René Marqués. (Hay que apuntar que Marqués estaba prohibido como lectura en los cursos de Humanidades. Eran ¿otros tiempos?) En México fuiste testigo de la masacre de Tlatelolco y del silencio sepulcral que la marcó. Por poco haces mutis antes de tiempo. Pero, no, te hiciste más fuerte. Volviste con ganas a la Universidad a enseñar tu curso de Lorca en el Departamento de Estudios Hispánicos, donde nos conocimos. Intentaste que entendieran tu forma de ver el teatro en el Departamento de Drama, donde también fue espinosa tu aceptación.

Forjas con los estudiantes un teatro político y de vanguardia. Montas y actúas en El Archivo de Tadeusz Rosewicz en el Teatro Universitario, donde realizas el primer happening boricua entre los espectadores. 

Cuestionas, propones, desafías. Tu vínculo con las nuevas corrientes del teatro contemporáneo, el teatro épico, el teatro del absurdo, el existencialista, el poético surreal de Lorca, el pirandelliano y el chejoviano fue evidente. Tu dirección escénica evidenciaba un gran conocimiento de las corrientes dramáticas y una preferencia por mostrar el artificio, el teatro dentro del teatro, alejándote del realismo.

Te conectas con el teatro latinoamericano y con la diáspora. Durante el Primer Festival de Teatro Internacional realizado en el Teatro Coop-arte, en 1971, actúas con Anamú en Preciosa y otras tonadas que no llegaron al hit parade en el poema teatralizado Puerto Rican Obituary , de Pedro Pietri bajo la dirección de Pablo Cabrera, haciendo el papel de La Medium.

Invocabas:

Mesa levántate, levántate mesa

la muerte no es ñoca, tampoco pendeja

Ahora que sus problemas acabaron

y el mundo está desconectado de tus hombros

ayuda aquellos que dejaste atrás 

procurando financiar la paz mental

mesa levántate, levántate mesa

la muerte no es ñoca, tampoco pendeja.

Y decías mientras te hacíamos coro.

Bello es Puerto Rico

bella es la raza puertorriqueña

Aquí qué pasa power es lo que pasa

Aquí cuando te dicen negrito, te quieren decir amor.

Eres atrevida, Victoria, escenificas en la Universidad de Puerto Rico Sacrificio en el Monte Moriah, de René Marqués, en donde presentas la primera escena de desnudos en el teatro nacional. También montas en el Tapia La parábola del andarín, de Luis Rafael Sánchez, pieza sobre los caminantes miserables de los pueblos y de la vida, con un final abierto.

En 1978, fecha en que te jubilas de la Universidad realizas el estreno mundial de El público, de García Lorca. No fue tal retiro sino una jubilación jubilosa que conviertes en estancia permanente como investigadora, profesora y directora hasta hace apenas diez años. En fin, que no puedes marcharte y que aquí estás.

Tu postura respecto a las causas nobles del país: conflictos raciales, políticos, preferencia sexual, lucha de clases, identidad nacional, se tradujo en tus montajes en una reflexión activa y militante sobre esos temas.

Eres como una hormiga, laboras incansablemente y guardas evidencia de tu trabajo y del de los otros. Te debemos gran parte del archivo sobre el teatro puertorriqueño del Seminario José Emilio González de la Facultad de Humanidades y ahora también de los archivos de la Fundación Luis Muñoz Marín. Y, además, publicas libros de la historia de tu teatro y de tu vínculo profesional con Lorca.

A Lorca, tu teatrero preferido, le haces homenajes continuos con montajes de Así que pasen cinco años, El retablillo de Don Cristóbal, El amor de Don Perlimplín con Beliza en su Jardín, El público, La zapatera prodigiosa y Los títeres de Cachiporra que estrenaste inicialmente para la Comedieta Universitaria en los años sesenta y vuelves a montar para el Teatro Rodante Universitario en 2007. 

Diriges con la misma pasión que entonces, con una entrega y una fuerza que nos deja a todos perplejos. Y cuando digo a todos, pienso en nosotros que ensayábamos hasta las cuatro de la mañana bajo tu dirección y en tus estudiantes más recientes que repiten tus directrices bajo la misma mirada rigurosa que les indica que, aunque hubieran tenido función el fin de semana anterior y se supieran todas sus líneas, tendrían que ensayar de nuevo. 

Para ti, el teatro es un templo. Pero un templo con dioses cotidianos y extraordinarios, como tú, dedicados intensamente al oficio de comunicar, celebrar y sanar; un teatro donde tanto espectadores como actores entran al maravilloso convivio del acto efímero, irrepetible, que deja huellas indelebles en la memoria; donde los actores tienen una responsabilidad suprema con su público y no pueden faltar a ensayos y funciones a menos que estén muertos porque en el teatro se les va la vida. Y tú, Victoria Espinosa, estás allí, aquí. Porque como dice Galeano, la muerte es mentira.

Hoy, convertida en Teatro, Victoria, serás tanto Espinosa como furiosa e impondrás los más rigurosos criterios de formación, selección y calidad para que este, tu templo mayor, el más acogedor de los teatros de Puerto Rico, siga abierto siempre, porque tú lo habitas. 

¡Hasta la victoria siempre Maestra Victoria! Los que seguimos tus pasos queremos disfrutar de una vida tan fructífera y tan edificante como la tuya. 

¡Estará el Victoria, como le conocemos, siempre lleno de tu energía contagiosa, Espinosa Victoria, Victoria Espinosa! ¡Viva!

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