William Castillo Rivera

Punto de vista

Por William Castillo Rivera
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Hay muchas formas de ser familia y todas merecen protección

Las comunidades LGBTTIQ+ han sido históricamente relegadas a un trato inferior por parte de las entidades estatales. Esto es así desde la falta de la inclusión de sus diversas realidades a través de una educación con perspectiva de género, hasta en el discrimen en la prestación de servicios gubernamentales. Ejemplo de ello es la consecución de derechos parentales de las parejas homosexuales.

Esta visión permanece en distintas instancias estatales y así queda plasmado en el proyecto de Código Civil que se pretende aprobar en los próximos días. Este borrador no contempla la figura de la filiación voluntaria para las parejas homosexuales. 

La filiación es una figura jurídica que afirma que una persona es padre o madre de otra. En el Código Civil vigente se contemplan la filiación materna, la legal y la voluntaria. La filiación materna es aquella que indica que el parto determina la maternidad y nace de una premisa latina que dice que “la madre siempre es cierta”. La legal o matrimonial es la que surge de un matrimonio y establece una presunción de paternidad. La filiación voluntaria es un reconocimiento voluntario que hace una persona para figurar como padre o madre en el Registro Demográfico, sin importar si media o no un vínculo biológico. 

Este último tipo de filiación es de gran importancia en Puerto Rico, pues es muy común que las parejas de sexo distinto, sin estar casadas, tengan un hijo o una hija y acudan a cumplir con el requisito de inscripción de la persona menor en el Registro Demográfico. Esto sin considerar si el embarazo fue o no planificado. En este caso, las parejas de sexo distinto no enfrentan dificultades de tipo alguno para inscribir a sus hijos o hijas.

Sin embargo, ese no es el caso para las parejas del mismo sexo. Ante las mismas circunstancias, es decir, que tengan un hijo o una hija, y acudan al Registro Demográfico para cumplir con su deber, se les imposibilita lograrlo. A estas parejas se les niega la inscripción so pretexto de que el Código Civil no lo permite. Y lo peor de esto es que el trato es igual, aunque la pareja del mismo sexo esté casada. La opción que tienen es la de adoptar a su propio hijo o hija.

El proceso de adopción es por vía judicial, sumamente costoso y altamente invasivo a la intimidad de la familia adoptante, aparte de que siempre queda a la discreción del tribunal si concede o no la adopción solicitada. Exigirles a las parejas del mismo sexo un trato distinto al que se les impone a las parejas heterosexuales es altamente discriminatorio. 

El Código Civil propuesto calla sobre las protecciones a la filiación de las parejas del mismo sexo respecto de sus hijos o hijas. En pleno año eleccionario y tras la muerte de la mujer transexual Alexa, la invitación a tener una reflexión profunda sobre las exclusiones de derechos a las comunidades LGBTTIQ+ cobra mayor relevancia.

Es momento de cumplir con los preceptos fundamentales de los derechos humanos de respeto a la inclusión, la libertad y la dignidad de todas las personas. Es momento de romper con los discursos cargados de prejuicios y discrimen. Es momento de admitir que las comunidades LGBTTIQ+ merecen garantías y protecciones para con sus hijos o hijas. Es momento de reconocer que hay muchas formas de ser familia y todas merecen protección y reconocimiento.

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