Juan Lara

Punto de vista

Por Juan Lara
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Hay que acelerar la reconstrucción

Los recientes sismos, que han causado daños cuantiosos y hasta cobraron al menos una vida, subrayan la urgencia de acelerar la reconstrucción de nuestra infraestructura, que sigue siendo muy vulnerable a más de dos años desde el azote del huracán María.  

La experiencia de otro apagón total —esta vez, según se ha dicho, de carácter preventivo— nos hizo revivir el desasosiego de los días y semanas posteriores al huracán y fue un poderoso recordatorio de que aún no hemos superado los daños de aquel gran desastre.

Hacia finales del 2017, albergábamos la esperanza de que podríamos contar, al cabo de unos años, con una red eléctrica renovada y confiable, y todo ello pagado mayormente con fondos federales.  La palabra del momento era resiliencia, y encerraba la promesa de construir algo mejor que lo que teníamos antes del huracán.   

Dos años más tarde, hay un amplio consenso de que la reconstrucción va a un paso demasiado lento, y en algunos de sus componentes más importantes, como las carreteras, la infraestructura se sigue deteriorando.  Asimismo, muchas de las viviendas inhabilitadas por el huracán siguen todavía sin reparar o reemplazar.

Lo impensable pareció amenazarnos en estos días: que otro desastre natural llegara cuando todavía no nos hemos recuperado plenamente del anterior.  No sabemos si la secuencia de sismos disipó ya suficiente energía para librarnos de un terremoto más grave, pero sí sabemos que estamos en una situación de vulnerabilidad.

De inmediato, la prioridad es proteger vidas.  Pero, hay que retomar el tema de la resiliencia cuando podamos respirar (y dormir) más tranquilos.  El enfoque debe ser acelerar la reconstrucción del sistema eléctrico, la red de carreteras y el acervo de viviendas adecuadas.

La infraestructura es esencial para vivir cómodos y seguros, pero también es fundamental para tener una economía sana y dinámica.  La calidad y confiabilidad de los sistemas de energía y transportación, así como de otros servicios de infraestructura (agua, comunicaciones), condicionan la productividad de todas las industrias y la competitividad de la economía en su conjunto.

Todos sabemos que el retraso de la reconstrucción se debe en gran medida al lento desembolso de la ayuda federal que se nos prometió hace dos años.  El proyecto no está del todo en nuestras manos.  Pero las horas de angustia provocadas por los temblores de estos días nos deben estimular a redoblar esfuerzos para lograr que se agilice la ayuda federal.


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