Hernán Padilla

Tribuna Invitada

Por Hernán Padilla
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Hay que ponerle fin al choque político

Las diferencias entre la Junta de Supervisión Fiscal, el gobierno y la Legislatura amenazan el futuro, la seguridad, la estabilidad y la vida en Puerto Rico. El 30 de junio, la Legislatura aprobó un presupuesto de $8,709 millones y no derogó la Ley 80 que había requerido la Junta como parte de un acuerdo con el gobernador Ricardo Rosselló. Esa misma noche, la Junta revocó el acuerdo y certificó su propio presupuesto para 2018-19, lo que intensificó las diferencias.

Según el plan fiscal certificado, los ingresos proyectados por la Junta son $8,458 millones, $251 millones menos que la proyección de la Asamblea Legislativa.

Entre múltiples cambios y ajustes hechos al presupuesto aprobado por la Legislatura, el presupuesto certificado incluye recortes por $345 millones: cancela los fondos para el bono de Navidad de los empleados públicos, $25 millones de la Universidad de Puerto Rico y $50 millones de los municipios. El Departamento de Educación recibe una asignación para los aumentos salariales pero tendrá un presupuesto menor total por $59 millones. El Departamento de Salud recibe $16.8 millones menos, pero la partida para los CDT se queda igual. Asimismo, se redujo el presupuesto del Departamento de Hacienda, del Cuerpo de Bomberos, la Policía, la Oficina del Gobernador y la Asamblea Legislativa.

Aun así, la Legislatura ni la Junta incluyen fondos para pagar la deuda según dicte la Corte de Quiebras federal. La analista Cate Long criticó que se haya aprobado un presupuesto que parece no tener ningún servicio de la deuda para el año fiscal 2019.

Además, la Junta señala que la Legislatura no incluyó fondos para el Fondo Rotatorio Estatal de Agua Limpia ($296 millones) que están en el Banco Gubernamental de Fomento; $120 millones para el pago atrasado a la Policía; fondos suficientes para una reserva de $130 millones (asignaron solo $97 millones). Ante estas diferencias, la Junta requiere que el gobierno entregue la proyección trimestral de ingresos y gastos; y retenga 5% de cada asignación hasta el cuarto trimestre, sujeto a la certificación de los ingresos del primer trimestre.

A pesar de que Rosselló dijo que cualquier litigio crearía un ambiente de incertidumbre negativo para Puerto Rico, que respetaba la determinación de la Junta de recortar el presupuesto ante el rechazo del Senado de acatar el acuerdo al que habían llegado para derogar la Ley 80, y que la ley Promesa es bien específica sobre el poder que tiene la Junta con el presupuesto, el gobierno demandó al ente federal en la Corte federal. Basa la demanda en “intentos ilegales de usurpar los poderes políticos y gubernamentales para determinar política pública y política administrativa” y solicita que la jueza Laura Taylor Swain establezca qué presupuesto prevalece.

Simultáneamente, la Legislatura demandó a la Junta en el Tribunal Federal, alegando que usurpó ilegalmente el poder dela Asamblea Legislativa sobre el presupuesto y hacer recortes por no haber derogado la Ley 80. Solicitó un “injunction” contra la implementación del presupuesto de la Junta.

La Junta contestó que “el presupuesto aprobado y certificado por el organismo federal, el pasado 30 de junio, es cónsono con el plan fiscal certificado y con el estatuto federal, y que se defenderá enérgicamente contra cualquier demanda que intente frustrar la ejecución del presupuesto y el plan fiscal”.

Rosselló admitió que la demanda podría implicar un gasto de decenas de millones de dólares al mes en servicios legales, pero aseguró que se trata de la defensa de las prerrogativas del gobierno electo de Puerto Rico. La jueza Taylor Swain aprobó una solicitud del gobierno para acelerar el proceso y que los argumentos de las partes se debatan en una audiencia el 25 de julio.

Hay que ponerle fin al choque de poderes políticos, la quiebra fiscal y la parálisis del desarrollo económico. Es preciso reconocer que la falta de igualdad, la inferioridad política bajo el Estado Libre Asociado colonial y las pobres decisiones de política económica del pasado son las razones principales para que la isla no pueda prosperar y lograr un futuro de progreso y seguridad.

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