María Enchautegui

Tribuna Invitada

Por María Enchautegui
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Hay UPR pa’ largo rato

Es común escuchar que los recortes programados para la Universidad de Puerto Rico significan la desaparición de la Universidad.  En efecto, uno de los argumentos de los estudiantes durante la huelga fue que el cierre no importaba porque si no se lucha en contra de los recortes, la UPR estaría cerrada en cinco años.

La facilidad con la cual amigos de la Universidad dicen que los recortes implican la virtual desaparición de la UPR me sorprende. La UPR es una institución esencial en el desarrollo cultural, histórico y económico de Puerto Rico.  Este año UPR-RP está celebrando su 113 aniversario. No es fácil desaparecer una institución centenaria como la UPR.   Y por más politizado que lo podamos ver, aun los estadoístas saben muy bien que en todos los estados de los Estados Unidos existe una universidad pública robusta, íntimamente ligada a la agenda de desarrollo económico del estado y que la destrucción de la UPR no avanza ni un ápice su objetivo último de la estadidad. Yo creo que con o sin recortes hay UPR pa’ largo rato.

Pero con gobiernos que nos han llevado a una deuda impagable, el pueblo se ha tornado escéptico y no parece estar dispuesto a darle ni el beneficio de la duda a las instituciones públicas. No importa que la UPR no se haya endeudado hasta el tuétano como otras corporaciones públicas, ni que el pueblo la perciba como una de las instituciones con el mejor manejo de fondos públicos como demostró un estudio de percepciones de corrupción del 2010 del cual fui coautora. Tampoco importa que su bajo costo de matrícula la haga tal vez el último respiro de la clase media de Puerto Rico.   Simplemente, en el escenario de una crisis fiscal profunda ya no es suficiente que la UPR le grite al País en forma clara y convincente lo que hace; es necesario cada vez más que lo justifique en términos de dólares y centavos. 

Es claro que la Universidad que recibe alrededor de $1,000 millones anuales en fondos públicos ya no es posible. La clave está en tener la mejor universidad que podemos pagar. Una universidad que gasta más por estudiante o que tiene un presupuesto más grande no es necesariamente una mejor universidad. 

Yo apuesto a una Universidad que en cinco años es más ágil y efectiva en procurar fondos externos y donde hay un mejor rendimiento de cuentas a todos los niveles, desde el salón de clases hasta la presidencia.  Esa universidad cuenta con un cuerpo de exalumnos que apoyan económicamente a su siempre requerida Alma Mater.  En esa universidad se resuelven los problemas que surgen en el devenir diario del quehacer universitario en vez decir “siempre ha sido así” o “no se puede hacer nada”.  Esa universidad busca, atrae y apoya a los mejores  talentos de las escuelas superiores del País y dedica  una proporción más alta de su presupuesto a innovación y tecnología. En esa universidad los “bullies” no pueden cerrar los portones y arroparse en el manto de la no-confrontación.  Esa universidad no está amurallada en su consagrada autonomía sino que está en diálogo con los legisladores, el ejecutivo, la industria y el tercer sector buscando insertarse activamente en el desarrollo económico de Puerto Rico. Por esa es la que lucho.

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