José Julián Roldán Villanueva
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Hernández Colón: el legado de un prócer

A mis cuatro años de edad conocí a Rafael Hernández Colón por mis abuelos, que fueron colaboradores de sus campañas. Fue un momento emocionante para mí conocer a el líder de una de las más importantes gestas en Puerto Rico. Desde esa edad mi admiración fue profunda hacia su figura. Rafael fue de esos líderes que hoy escasean. Tenía el don de la empatía para entender el dolor de la gente, la valentía de tomar decisiones difíciles pero correctas cuando las circunstancias lo requerían y una sabiduría especial siempre más adelante que el presente. 

Político ilustrado, hombre de carácter firme, figura épica, fiel a los principios que lo hicieron entrar a la política y temeroso de Dios, ese era Rafael. Entre los testimonios que se reprodujeron luego de su muerte, siempre me impactaron unas palabras del periodista Alex W. Maldonado, que dijo, “para entender a Hernández Colón había que entender su relación con Dios y Muñoz”. No hay descripción más sublime que esta para entender el sendero de su vida.

Con el pasar de los años pude conocer más a Rafael. En mis inicios en la universidad, fueron varias las ocasiones en que me ayudó en la referencia de trabajos investigativos. Reconocía cuando algo estaba bien y cuando tenía que corregir lo hacía con la clase y elegancia que lo distinguían. Una vez, mientras se construía su fundación, me invitó a ver los trabajos de la misma. Caminamos desde su oficina hasta allá. En el camino eran decenas de personas que se emocionaban al verlo, le deseaban bendiciones y hasta le pedían que volviera postularse para la gobernación. Ahí comprobé que Rafael era su gente y su gente era Puerto Rico.

El día de su partida marcó un antes y un después en la historia. El gobernador García Padilla lo describió como “el final de una era”; nada más certero. Significó la culminación de los mejores años de progreso para Puerto Rico en su historia moderna, una de las épocas doradas del Partido Popular, la forma noble de hacer política y las más bellas y heroicas historias que crecí escuchando de personas que lo acompañaron en sus jornadas electorales y sus grandes luchas. 

Evidentemente la figura de Hernández Colón es la de un hombre que no tiene final. En nuestro país no se repetirá otro fenómeno de esta madera. En momentos como estos donde tenemos una pobre gestión gubernamental, debemos reflexionar: ¿qué hubiese hecho Rafael? Para estar a la altura de los tiempos nuestros gobernantes deben ser desprendidos, capaces y sensibles. Solo de esa forma se ejecuta el buen gobierno. 

Hernández Colón decía que “gobernar bien exige buen cuido del presente, pero sin descuido del futuro”. Las acciones de hoy definirán el futuro de Puerto Rico. Los ciudadanos tenemos la responsabilidad de exigirle al liderato electo acción responsable para que tengan éxito en la gestión de gobierno y con el arma del voto dejarnos sentir de manera contundente en las primarias y las elecciones generales de este año. 

Al cumplirse el primer aniversario de su partida, no hay mejor manera de celebrar su vida que poniendo en marcha su legado y enseñanzas para devolverle el prestigio y la credibilidad al gobierno poniendo a la gente primero.

¡Celebremos su vida!

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