Luz Delia Rodríguez Ruiz

Punto de Vista

Por Luz Delia Rodríguez Ruiz
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Héroes anónimos: brisa en la cuarentena

A Fabián Andrés

Recuerdo al amigo, Arraiza, cuando en uno de sus momentos más aciagos les dijo a quienes les escuchábamos, que en los tiempos difíciles es cuando sale lo peor o lo mejor de las personas. Esas palabras quedaron grabadas en mí, seguidas por el ejemplo de entereza que exhibió. Hoy vuelven a mi memoria.

Desde 2017 llevamos una intensa racha de momentos ingratos. Huracanes, terremotos, pandemia, sin duda, han sacado lo mejor y lo peor de mucha gente.

Hemos visto cómo inescrupulosos han afilado sus dientes para robarle y mentirle al país, pero también hemos visto cómo el pueblo que sostiene esta Patria ha dado cátedra de civilidad y humanismo, contrario a lo que en muchas ocasiones se nos enseñó sobre nuestro carácter.

Luego de más de sesenta días de encierro, hoy prefiero enfocarme, para propósitos de mi salud mental y de quienes lean esto, en aquellos que sacan lo mejor de sí.

De hecho, este escrito lo inspira un ser humano que conozco, quien cada vez que Puerto Rico sufre alguna desgracia, acude al auxilio de los demás, literalmente.

Siempre presto a servir, sin condición alguna, ahí está él como voluntario.  Trabajo que realiza sin importar tiempo o espacio.  Desde que amanece hasta que anochece su mente ágil, sus manos hacedoras, su corazón noble están al servicio de quienes lo necesitan. Lo hizo durante Irma y María, durante los temblores en el Sur y ahora en todo este escenario de la pandemia.  Por su esfuerzo y compromiso, ha estado expuesto a todo posible contagio y en estos tiempos, por protección a los suyos, no ha podido abrazar a quienes más quiere.

Sin beneficios personales, sin protagonismos, como hormiguita laboriosa; muchos y muchas se han beneficiado de su bondad.  Tengo prohibido revelar su nombre, aunque quisiera reconocerlo a viva voz.  Si lo hiciera, laceraría la palabra comprometida; que es una de mis más valiosas posesiones.

Sin embargo, extrapolo todo cuanto hace este gigante, al nombre de ese conocido(a) que les viene a sus mentes, cuando describo a esta persona.  Sé que muchos (as) de ustedes conocen a alguien así, porque siempre hay personas en nuestro entorno que se dedican a dar desde el anonimato.

Recientemente leí un artículo que destacaba que aquellas personas que se dedicaban a servir a otros sufren menos ansiedad y depresión. Creo que es una extraordinaria receta para quienes creen que todo cuanto ha pasado le resta valor a la existencia.

Tenemos el deber de señalar, denunciar y no olvidar a aquellos que le roban los sueños al pueblo. Es una obligación que tenemos como componentes de esta sociedad. Sin embargo, les sugiero que para no perder las esperanzas también refresquemos nuestra lucha reconociendo y regocijándonos por la gente buena con la que contamos.   

A mi descendencia le digo que estos son las y los verdaderos superhéroes.

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