Andrés González

Tribuna Invitada

Por Andrés González
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Héroes anónimos que salvaron vidas

Cuando pasó el huracán María y pude verificar que la familia estuviera bien, salí a Toa Baja para ayudar al amigo Betito.  Allí comenzaron las misiones para llevar ayuda de profesionales de salud mental y médica por las comunidades de Puerto Rico.

No obstante, de todos los lugares visitados, siempre encontramos algunos que nos dejan huellas profundas, como una en Luquillo. Un miércoles temprano salimos hacia ese pueblo Celia Galán, directora ejecutiva de la organización Apoyo a Padres de Niños con Impedimentos (APNI), y la doctora Sally Priester, a quien conocimos dos días antes. Llegamos al sector guiado solo por el nombre del padre de la persona a quien procurábamos ver. Preguntando llegamos al hogar.  Al llegar, vimos una ambulancia militar y al padre hablando con personal del Hospital de Veteranos.  Nuestra misión era ayudar a un adulto de 59 años con Síndrome Down, quien necesitaba ser admitido a un hospital urgentemente.

Dejé a la doctora con el papá y entré al hogar.  Me encontré con una situación crítica. La persona había perdido mucho peso. Cuando salgo de la habitación, en una foto lo observé en tiempos mejores. Me llevé una gran impresión.  Lo montaron en la ambulancia y salimos hacia el Hospital de Veteranos, que ya lo había aceptado para ingreso.

En un tramo de la ruta 66 nos percatamos de que la ambulancia se detuvo en el paseo y el soldado que lo acompañaba, luego de verificar la situación, se nos acerca para decirnos que al paciente le estaba bajando la presión. La doctora pide permiso para entrar a la ambulancia y, junto a una paramédico, ejecutó los auxilios como si estuviéramos en un campo de batalla.  Se trataba de una persona que se encontraba entre la vida y la muerte. Al lado, su padre le hablaba.  Lograron estabilizarlo y de inmediato se reanudó la marcha en ruta al hospital.  No podré olvidar el rostro compungido de la doctora, con lágrimas y sentimientos a flor de piel. Este fue el comienzo de lo que convirtió en una alianza entre la doctora Priester y APNI.  

Nuestra próxima misión fue viernes. Nos dirigimos hacia Naranjito con la doctora, un psiquiatra

y una enfermera de IsraAid. Allá se nos unieron voluntarios psicólogos y médicos de Humanity First que profesan la religión musulmana, así como otros médicos de la Universidad de Minnesota. Había tres creencias religiosas distintas pero un solo fin, ayudar al necesitado. Desde esa semana realizamos otra cantidad de misiones, cada una de manera especial, llevando esperanza a las personas y dando siempre el 100 por ciento.

Tuvimos que referir varios casos al Departamento de la Familia por tratarse de ancianos solos y enfermos viviendo en condiciones infrahumanas. También llevamos, para evaluación psiquiátrica, a personas que expresaban su deseo de terminar con su vida. Aprendí de la doctora Sally Priester un lema que siempre transmite: “mientras exista un puertorriqueño que tenga una necesidad, no vamos a dejarlo solo. Allí iremos para ayudar como hace el soldado en batalla”.

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