Miguel A. Rosario Reyes

Punto de vista

Por Miguel A. Rosario Reyes
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Héroes sin capa y sin toga en la judicatura

En el 1998 tuve el honor y el privilegio de ser nombrado a la judicatura. Venía yo de una trayectoria de 18 años en la Rama Ejecutiva. A lo largo de esos años en el Ejecutivo tuve la dicha de trabajar con gente comprometida con el servicio público y con una disciplina y ética de trabajo inquebrantable. Sin embargo, como en todo, también había sus excepciones y uno se encontraba con personas a las que poco les importaba servir. Estaban allí por su chequecito quincenal, hacían lo menos posible y su lema era “esto es pa’ 30 años”.

Durante los 14 años que serví a la judicatura estuve en los pueblos de Ponce, Comerío, Aibonito, Barranquitas, Guayama, San Juan y Bayamón. Créanme que al día de hoy, por más que lo intento, no recuerdo una sola persona en la Rama Judicial a la que pueda ponerle la etiqueta de “esto es pa’ 30 años”.

Como puede el lector imaginarse, en cada uno de esos pueblos se me asignaba un grupo de trabajo diferente. En el caso de los jueces, este grupo, como mínimo, se compone de su secretaria jurídica, su alguacil, sus secretarias de sala y el grupo de Secretaría asignado a su sala. No menos de 7 personas encargadas de “mover” esa sala.

Al llegar a una nueva Región Judicial siempre me impresionó el calor y la cooperación que recibía de mi nuevo grupo de trabajo. Aun cuando prácticamente no me conocían lo importante para ellos era hacer bien su trabajo y que “su juez” quedara bien. Lo anterior, sin importar que los jueces somos aves de paso y hoy estamos en un sitio y mañana pueden asignarnos a otro. La pasión y el esmero por su trabajo que me demostraron esas personas mientras fui su juez no disminuían en lo más mínimo cuando venía otro juez a atender esa sala. 

El juez es el que entra a sala todos los días a resolver controversias y es al que la gente asocia con el sistema de justicia. Sin embargo, el éxito que pueda tener un juez en su desempeño y en su misión de impartir justicia se lo debe en gran medida a la colaboración que recibe de su grupo de trabajo y del personal de apoyo del Tribunal. Ese grupo de apoyo lo componen trabajadores sociales, oficiales jurídicos, oficiales examinadores, alguaciles, personal administrativo y de mantenimiento. 

Es un hecho incontrovertido que la Rama Judicial tiene las economías para brindar a estos trabajadores los aumentos de sueldo que merecen. Economías que irónicamente se han logrado, en gran parte, cancelando beneficios y programas que antes beneficiaban a estos empleados. 

Por lo mencionado me resulta difícil ser imparcial ante los válidos reclamos de justicia salarial de estos trabajadores. Queda de la jueza presidenta reconocer la valía de ese valioso recurso humano. Son ellos los que merecen que nos pongamos de pie. Hacer esperar la justicia es injusticia.

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