Eduardo A. Lugo Hernández

Tribuna Invitada

Por Eduardo A. Lugo Hernández
💬 0

Hombres contra O’Neill y el acoso sexual

Lo que vive el Municipio de Guaynabo y el país con la situación de Héctor O’Neill, es bochornoso. Los actos imputados a esta persona demuestran el abuso de poder que resulta de las relaciones desiguales entre hombre y mujeres en nuestra sociedad.

Sin embargo, este caso no es uno aislado, sino el más público. El acoso y/o abuso sexual es predominante en muchos escenarios de trabajo. Las estadísticas apuntan a que en su mayoría los perpetradores son hombres. El mismo es sustentado por redes de complicidad de testigos que no reportan estos incidentes u otros que los minimizan porque no ven ningún problema con la conducta del perpetrador. En el peor de los casos, algunos celebran la conducta de esta persona y lo resaltan por sus cualidades de macho alpha, conquistador de mujeres. Por ende, es necesario que analicemos y actuemos en contra de las raíces sociales que lo generan y lo sustentan.

La prevalencia del acoso sexual evidencia la necesidad que tiene nuestro país de transformar la manera en que socializamos a nuestros niños acerca de lo que significa ser hombre. La narrativa predominante en nuestra cultura genera una visión del hombre que celebra su sexualización.

Desde pequeños, los niños reciben mensajes que les indican que tener muchas novias es parte de ser hombre, que la mujer es un objeto sexual, y que el hombre debe ser el que tenga el poder en la relación. Estos mensajes son transmitidos a través de los medios de comunicación (ej. anuncios, películas, programas de televisión), pero también a través de conversaciones con padres y otros familiares y el modelaje que estos les proveen.

Dado que nuestros hijos no existen en una burbuja, y hoy día viven conectados a las redes sociales, los mensajes no solo provienen de nuestro entorno, sino también de otros países. Por ejemplo, en los últimos años hemos visto como en Estados Unidos ha habido varios casos de hombres que han violado a mujeres y el sistema judicial los válida a través de sentencias inadecuadas o hasta la impunidad.

Casos como el de Brock Turner. Turner era estudiante de la Universidad de Stanford, de raza blanca, y nadador con potencial olímpico. Este estudiante violó a una mujer que estaba inconsciente cerca de un basurero aledaño a una fraternidad. ¿La sentencia de este hombre? Seis meses de cárcel ya que el juez (hombre) consideró que una sentencia más severa dañaría el futuro prometedor de este joven. La noticia de este evento viajó el mundo. Y aunque muchos se indignaron ante las acciones del violador y del juez, hay un mensaje de impunidad y complicidad implícito en esto.

Desafortunadamente, este no ha sido el único caso donde un hombre ha recibido una sentencia no apropiada por actos de violación. La reacción del sistema judicial refuerza estas conductas deplorables.

En este escenario es necesario que contrarrestemos estos mensajes con otros que fomenten el respeto y la sexualidad responsable. La responsabilidad de hacer esto debe ser compartida entre el Estado y los padres. En Puerto Rico, el Estado falló cuando derogó la Carta Circular con Perspectiva de Género, como mecanismo para socializar tanto a niños como a niñas en equidad.

Sin embargo, esta no es la única manera de llevar este mensaje. En las escuelas, los maestros y administradores deben fomentar conductas de respeto entre los estudiantes. Debemos enseñarles que no es aceptado tocar a sus compañeras de maneras inapropiadas y no deseadas. Que los comentarios que consideran “inofensivos” y hasta chistosos atentan en contra de la dignidad de la otra persona y de su seguridad. Además, debemos ser claros acerca de la complicidad en reírse, apoyar o quedarse callados ante actos de hostigamiento. En el silencio hay complicidad y validación del agresor.

Las agencias públicas deben tener políticas claras en contra del acoso sexual. Estas políticas deben ser implementadas con eficiencia e integridad para mantener la confianza en el proceso y procesar a los victimarios. Esto es medular, ya que muchas veces cuando las víctimas informan un incidente, son recibidas con preguntas y actitudes que ponen en duda la veracidad del evento. En otros momentos, las agencias están más preocupadas por el potencial de acción legal y no por el bienestar de la víctima.  

Los padres y madres también deben tomar esta oportunidad para dialogar con sus hijos varones y llevarles un mensaje contundente que repudie las acciones del alcalde de Guaynabo. Hacer esto no solo contribuirá a que sus hijos no asuman estas conductas, sino también a que no encubran ni celebren las mismas en otros hombres. Es imperante llevar el mensaje de que no todos los hombres estamos de acuerdo con las maneras tradicionales y hegemónicas de ser hombre y nos rehusamos a validar los abusos de otros. Esto nos hace aliados en la lucha por fomentar la equidad y nos convierte en modelos de la futura generación de hombres.  

Otras columnas de Eduardo A. Lugo Hernández

💬Ver 0 comentarios