Esteban Pagán Rivera

Prórroga

Por Esteban Pagán Rivera
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Homenaje a Andrés Iniesta

Los mejores deportistas de la actualidad son igual de famosos que los actores y actrices más importantes de Hollywood o las estrellas musicales. Y eso se acentúa en esta era de las redes sociales, en donde muchos de los atletas aprovechan su alta cantidad de seguidores para generar su propia marca.

En muchas ocasiones asumen cierta arrogancia o altanería con sus conductas para dividir la afición y estar siempre en la conversación. Por ejemplo, el baloncelista LeBron James y el futbolista Cristiano Ronaldo son dos figuras que generan igual cantidad de odio y admiración.

Entonces tenemos otros casos como el futbolista español Andrés Iniesta. Si no es seguidor del fútbol, quizás el nombre le suena. El apellido Iniesta es conocido por su magia en la cancha y por sus actos heroicos con el FC Barcelona y la selección española.

Desde que Iniesta debutó con el Barcelona en el 2002, nunca dejó de maravillar por su arte con el balón. No era conocido por sus goles –aunque marcó unos cuantos históricos–. Tal vez por eso nunca tuvo el mismo marketing de Ronaldinho, Cristiano o Lionel Messi. No, lo de Iniesta era visión de campo, el realizar un pase que para todos hubiera sido físicamente imposible. En sus primeros años, se decía que Iniesta tenia ojos en la parte de atrás de la cabeza.

No conozco alguien que deteste a Iniesta, ni siquiera los aficionados del eterno rival, Real Madrid. Ha llevado una carrera ejemplar, libre de polémica, y de humildad, además de ganar 32 títulos con el Barcelona y la Copa Mundial de 2010, en la que anotó el gol de la victoria en la final contra Holanda.

Iniesta es el deportista que todo niño en desarrollo debe emular, sin importar el deporte. En su estupenda autobiografía, La Jugada de mi Vida, Iniesta recuerda sus primeros días como niño en La Masía (la escuela del Barcelona) y esas semanas en las que, separado de su familia, lloraba todos los días. Su familia, aunque igual de adolorida por la distancia, fue clave en que se mantuviera peleando por su sueño. Es un sufrimiento normal en todas las familias que tienen niños deportistas, y evidencia del importante papel que juegan los más queridos.

Aunque Iniesta se despidió el domingo del Barcelona, aún nos queda disfrutar de su arte en el venidero Mundial. Y en Japón, su próxima liga, también tendrán oportunidad de seguir apreciando su grandeza. Y cuando finalmente le ponga punto final a su legendaria carrera, no quedará otra que pararnos todos a aplaudir, pues con Iniesta no existe el término hater.

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