Cezanne Cardona Morales

Tribuna Invitada

Por Cezanne Cardona Morales
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Homofobia

1.

A las 3:15 pm del 28 de junio de 2010, el sonido de un pájaro salió de la boca de un senador. No era una enmienda, ni una petición de turno, sino que el presidente del Senado de aquel cuatrienio, Thomas Rivera Shatz, le dijo “cuac cuac” al senador popular, Eduardo Bathia. A las 3:16 pm, Bathia respondió: “El pa... eres tú”. Así suena la homofobia desde el hemiciclo del Senado.

Todo comienza con un cuac, sigue con un clic y termina con un boom.

2.

A las 6:13 pm del 7 de abril de 2010, el actor y animador, Héctor Travieso, dijo en un programa de radio que llamarle “pa...” a alguien no causaba ningún daño porque eso era puro entretenimiento. Lo que sí causa daño -continuó- “es un homosexual que le diga a su padre soy pa... Eso sí causa suicidio”. Así suena la homofobia desde el entretenimiento.

Todo comienza con un cuac, sigue con un clic y termina con un boom.

3.

A la 1:02 pm del 18 de septiembre de 2011, Jamey Rodemayer, de catorce años y residente de Buffalo, grabó su despedida. Confesó que llevaba meses recibiendo mensajes de odio, sobretodo de cristianos: “Jamey es gordo, estúpido y gay”, le escribieron. “No me importa si te mueres. A nadie le importa. Así que hazlo.” A la 1:08 pm, Jamey se pasó una soga por el cuello. ¿Imaginan el ruido de la soga apretándole el cuello? Así suena la homofobia desde la religión.

Todo comienza con un cuac, sigue con un clic y termina con un boom.

4.

A las 2:02 am del 12 de junio de 2016, Omar Mateen entró con un rifle de asalto a Pulse, una discoteca gay en Orlando, y asesinó a 49 personas. Así suena la homofobia. ¿Ahora la oyen?

Todo comienza con un cuac, sigue con un clic y termina con un boom.

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Pensé en todos aquellos escritores que practicaban la natación, no para recordar el peso de la tierra, sino precisamente para olvidarla. El poeta Lord Byron, aquejado de una lesión en el tendón de Aquiles, nadaba para olvidar su cojera y cruzó el Bósforo, al norte de Turquía, sin rastro de dolencia. El checo Franz Kafka solía nadar en la Escuela Civil de Natación, en la isla de Sofía, para olvidar la vergüenza que sentía por su cuerpo. En sus “Diarios”, bajo la fecha del 2 de agosto de 1914, Kafka anota: “Alemania declara la guerra a Rusia. Por la tarde, me fui a nadar.” En una entrevista, el colombiano Héctor Abad Faciolince, autor de “El olvido que seremos”, dice: “Nado para que nada me afecte, nado para estar solo.” Para el poeta argentino Héctor Viel Temperley nadar era la mejor forma de rezar. El misticismo de su poema “El nadador” es evidente cuando dice: “Soy el nadador, Señor, soy el hombre que nada / Tuyo es mi cuerpo”.

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