María de Lourdes Santiago

Tribuna Invitada

Por María de Lourdes Santiago
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Hora de consenso para proyecto de país

Ya vamos por el octavo mes de esta administración y no hemos visto ni una señal de “la crisis” que el PNP prometió crear en Washington para forzar atención al tema de nuestra situación colonial.

El plebiscito denominado “para la descolonización inmediata” apenas movió a un 23% del electorado, y carga con múltiples señalamientos sobre el proceso manejado exclusivamente por el partido en el poder. Haber cedido a la inclusión del estatus territorial actual como opción en la papeleta, según requirió el Departamento de Justicia de los Estados Unidos, no produjo el resultado esperado de un aval federal, ni explícito, ni a través de la asignación de los $2.5 millones que la administración Obama había prometido para una votación sobre estatus.

Por el contrario, generó unas circunstancias inaceptables para los sectores que veían en la versión original del plebiscito un instrumento útil —aunque imperfecto- para generar un reclamo amplio que permitiera habilitar una vía para la descolonización de Puerto Rico. Lo que prometía ser una gran iniciativa de consenso, se convirtió en un débil ejercicio unilateral del PNP.

Mientras tanto, la más cruda manifestación del colonialismo desde los tiempos del gobierno militar, la Junta de Control Fiscal, continúa exigiendo medidas de austeridad que harán blanco en los sectores vulnerables. Aunque el gobernador ha declarado su oposición a iniciativas como el recorte de jornada laboral de empleados públicos, está por verse hasta dónde llega su disposición real para la confrontación con la Junta.

Y tal y como lo habíamos anticipado, continúa ausente de la agenda estadounidense el proyecto de desarrollo económico para nuestro país, sin el cual todo intento de manejar la deuda será insuficiente. La quiebra del país y la imposibilidad de encontrar una salida esperanzadora dentro del actual marco jurídico y político del Estado Libre Asociado (ELA), hacen más evidente que nunca el estrecho vínculo entre la inferioridad política y la miseria económica.

Para un gobierno que llegó al poder comprometido con acabar con la situación colonial y con enderezar las finanzas públicas, este debería ser el momento de cuestionarse la prudencia de continuar adelante con proyectos cuyo fracaso es evidente. Independientemente de los recursos que puedan destinar a través de su “Comisión de la igualdad”, todos sabemos, aquí y en Washington, los límites que tendrá esa gestión.

La administración Rosselló se encuentra en un momento crucial para plantearse qué hacer. Pueden conformarse con añadir un fracaso más a la lista de iniciativas estériles sobre el estatus. O pueden retomar la voluntad para articular un proyecto creíble, inclusivo, que nos permita encontrar el espacio mínimo de consenso que todos sabemos es imprescindible para enfrentar a los Estados Unidos con su responsabilidad descolonizadora y para trabajarpropuestas económicas que vayan más allá del manejo de una lista de acreedores por el tribunal de quiebras. Como ha ocurrido antes, es posible que distintos sectores, sin rendir posiciones de principio, se encuentren en un proyecto que movilice el interés común por la descolonización y el desarrollo económico. Esas son las opciones. El país espera.

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viernes, 4 de agosto de 2017

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