Aisha Burgos

Punto de vista

Por Aisha Burgos
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Houston, we have a problem y se llama pirotecnia

En julio de 2017 mis padres rescataron una perrita que corría riesgo de ser atropellada. Una “cocker spaniel” color dorado. Hermosa. Se notaba que se había perdido o escapado de su hogar hace tiempo. Estaba desmejorada y era adulta. Mis padres decidieron cuidarla mientras aparecían sus dueños. Subí fotos en foros y redes sociales. Hicimos “flyers” y los dejamos en negocios del área, pero sus dueños nunca aparecieron.

Como mis papás ya tenían varias mascotas, casi todas rescatadas, exploramos darla en adopción. La nombramos Lucky, por la suerte de aquella tarde de julio. Una organización en Houston que se dedica a adoptar esta raza me escribió. Llevamos a Lucky al veterinario y la vacunamos. Pasó el huracán María junto a nosotros y las otras mascotas. Poco a poco se ganó nuestros corazones y decidimos quedarnos con ella. La rebautizamos Houston.

Muy cariñosa y obediente, logró un “bond” inmediato con su nueva familia. Se mostraba agradecida, como si entendiera que tuvo una segunda oportunidad. Siempre pendiente a la caminata diaria con mi papá. A veces pensábamos que ella lo paseaba a él. 

El 21 de diciembre pasado, día del cumpleaños de mami, le compramos a Houston su primer traje de Navidad. Definitivamente ya era Houston Burgos Rodríguez. Le conseguimos el trajecito perfecto. Le quedaba tira’o por sus curvas.

Esta época, nuestra favorita del año, siempre la pasamos en familia, disfrutando. Sin embargo, cuando comienza la pirotecnia, sufrimos viendo a nuestras mascotas ponerse nerviosas y pensamos en la angustia de otros animalitos. Según una campaña que vi hace poco, las mascotas pueden escuchar estos ruidos hasta tres veces más fuerte que nosotros.

De hecho, cada vez que veía una noticia donde municipios cancelaban sus fuegos artificiales, la compartía y aplaudía. Escribo sobre las mascotas porque es lo más cerca que tengo en mi entorno, pero la pirotecnia afecta a personas con autismo, envejecientes y al ambiente. Incluso es un riesgo para quien la manipula. 

Este 31 de diciembre despedimos el año en casa de mi hermana. Hacía tiempo que no escuchaba tantas explosiones ni veía tanta pirotecnia. Los perros de mi hermana estaban guardados en un cuarto. Estaban muy nerviosos. Con cada explosión, pensaba en las mascotas perdidas, atropelladas y muertas por la pirotecnia. 

El 1ero de enero mi mamá llamó para hablarme de Houston. Esta vez no pudieron rescatarla. Houston murió ahogada en la piscina donde cayó huyendo de la pirotecnia. Para nosotros, como para miles de personas, representa perder un miembro de la familia.

Houston, we’ve got a problem. Sé que esta columna no eliminará la pirotecnia, pero espero poder crear conciencia al respecto. No solo por las mascotas sino por las personas afectadas. Si solo una persona deja de usar pirotecnia será un gran cambio para ellos. No tengo claras mis resoluciones para 2020 pero seré más activa en eventos y organizaciones que ayudan a los más vulnerables que no pueden defenderse ni cuidarse solos. Por un 2020 donde veamos más acción y nos hagamos menos de la vista larga.


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