Paul E. González

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Por Paul E. González
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Hoy más que nunca, me duele la patria

Hoy amanecí con dolor a patria. En el alba se escuchaban los susurros de negatividad que circulaban en el aire y ni siquiera estaba fuera del cuarto. A lo lejos se escuchaban los gritos de lamento de todos los compatriotas que tuvieron que abandonar su isla en busca de lo desconocido. Me duele el consciente porque los pocos guerreros que quedamos no parece que vayamos a ganar la batalla. La luz al final del túnel está borrosa.

Mientras tanto, el gobierno continúa enfrascando al país en su propia obra de teatro y manipulando sus cartas al son de la discordia. Nos hace falta un respiro que nos haga reflexionar sobre las posibilidades que enderecen el pensamiento de los insensatos. En la calle se desborda lo inaudito, lo incomprensible y lo ilógico, ¿cómo es posible que continúen el fanatismo político, las caravanas, las promesas vacías y los políticos de cartón?

Me duele el alma porque muchos ciudadanos utilizamos el teclado y los micrófonos para expresar las realidades, pero caen en los oídos sordos de las masas. Una verdadera transformación de país comienza y termina cuando ponemos todo en la línea y esperamos la mejor de las consecuencias. Es cuando alzamos la voz y estrepitamos esperanza que comenzamos a ver una reacción positiva a la inmovilidad ciudadana.

Me duele la patria porque las respuestas están presentes en nuestras vidas cotidianas y no somos capaces de capitalizarlas. Es en el apoderamiento de la verdad -específicamente en momentos como la actual crisis- la que nos va a llevar a sanar las heridas de nuestra nación. Se trata de agarrar el diablo por los cuernos y hamaquearlo hasta que comience a soltar el veneno. Solo así podremos dormir en la tranquilidad que se merece nuestra isla borinqueña.

Por el bien colectivo de todos, ya basta de arrastrar las ideas y circunstancias del pasado, comencemos a caminar con el pecho inflado de soluciones diferentes y asumamos las dificultades que ameriten para destronar el conformismo, la ignorancia y el abuso político. Solo así, podremos comenzar a sanar el dolor de nuestra patria querida.

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