Pedro Reina Pérez

Tribuna Invitada

Por Pedro Reina Pérez
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Huir de la propia sombra

Una vez más asistimos al espectáculo de ver al gobernador Ricardo Rosselló Nevares defendiendo su gestión del gobierno con dos planteamientos manidos: que no sabía nada de lo que se denuncia —en este caso, por boca de Raúl Maldonado— y que su administración no tolera ni tolerará actos impropios. 

Tantas han sido las veces que el primer mandatario ha pronunciado estas palabras en los pasados dos años que ya casi producen bostezo. Digo casi porque esta vez el embarre público ha sido mayúsculo, ya que proviene de su hombre fuerte, el controlador de las finanzas públicas que son el último bastión de defensa de Rosselló ante los embates de la Junta de Control Fiscal (JCF). 

Baste recordar que cuando la Junta quiso nombrar a un síndico para el Departamento de Hacienda se desató un operativo para impedirlo. Sin control de la chequera, al gobierno del Partido Nuevo Progresista no le quedaría nada para distribuir, y eso hubiera impedido su posible camino a la reelección. De ahí que Maldonado se convirtiera literalmente en un súpersecretario, y que sus denuncias contra La Fortaleza hiedan en este momento a pura traición. 

La movida de Maldonado es eminentemente egoísta y presagia nuevas sacudidas al círculo interno del gobernador, acaso con-tundentes si se considera que las autoridades federales rondan los despachos (y las almohadas) de la presente administración—incluida la legislatura. 

Rosselló apostó triple por Maldonado y prevaleció en su afán de instalarlo y apoderarlo. Por eso no creo ni por un segundo que Raúl Maldonado sea víctima de nadie. Ninguna persona con ese nivel de conocimiento profundo y probada destreza en los pasillos del poder puede ahora reclamar distancia de actos y personas que hasta ayer tenía bajo su absoluto mando. Podrá vestirse de monaguillo y bajar la cabeza para denunciar, pero olvida que no está en la iglesia sino en una escandalosa gallera. Sus moti-vos no tardarán en conocerse y entonces podremos apreciar quién lo mortifica y por dónde es que lo aprietan. Su estrategia en cualquier caso es defensiva y, como reza el dicho, quien pega primero, pega dos veces.

Lo que nos devuelve al gobernador Rosselló y la sombra de su señor padre, Pedro Rosselló González, cuyo entorno cuando fue gobernador colapsó ante los arrestos por corrupción de secretarios y legisladores. Hasta el día de hoy, aquella administración es la definición misma de un gobierno corrupto, y contra esa herencia batalla sin éxito el hijo tratando de diferenciarse del padre, aunque con pésimos resultados. 

Larga es la lista de tontos que han salido del entorno del hijo por sencillos errores de juicio, a la que pronto se sumarán aquellos y aquellas que lo harán debidamente esposados. Deberá ensayar una nueva estrategia para respirar en medio del incendio si no quiere repetir la desdicha de su progenitor. Tiene en su contra al presidente Trump, quien no desaprovechará para denostarlo y de paso reiterar su odio hacia nosotros. Nada sencillo para un joven Rosselló que cada día se confirma inferior a su destino.

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