Heriberto N. Sauri

Punto de Vista

Por Heriberto N. Sauri
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Huracanes 2020: el reto del manejo de masas

Ya entramos en una nueva época de tormentas y huracanes. Los expertos  pronostican que va a ser una muy intensa. Por eso, debemos recordar que con la cercanía de un ciclón es suficiente para sufrir grandes daños.  Basta recordar eventos trágicos como el derrumbe de la comunidad Mameyes, en Ponce, a raíz de un periodo de lluvias fuertes.

Esta temporada 2020, además, implica riesgos adicionales ante la pandemia del COVID-19 y los eventos frecuentes de movimientos sísmicos, que como todos sabemos han causado grandes perdidas en el área sur de Puerto Rico. 

Por ello, nos debemos preguntar de forma individual si estamos preparados como familia y comunidad en caso de una tormenta o huracán en estos tiempos de grandes retos.

Más allá de los planes familiares, hoy la preparación debe enfocarse a los gobiernos locales, que son la primera línea de respuesta, seguida del gobierno estatal, entidades privadas, entidades comunitarias, de base de fe y el gobierno federal. 

A diferencia de temporadas anteriores, ya tenemos varias emergencias activas por lo tanto los recursos están presentes y operacionales. Sin embargo, existen dificultades para poder articular una respuesta adecuada, aunque ha surgido mejoría significativa a nivel municipal y estatal.

Siendo realista, no todos se preparan de forma adecuada y esto incluye a los ciudadanos e individualmente algunas entidades de gobierno, la empresa privada u otras que por lo general reaccionan, pero ¿a qué costo? 

Mi preocupación para esta y otras emergencias es el cuidado de las masas porque el refugio tradicional, las escuelas, van a estar sumamente limitadas en virtud del distanciamiento social y a las medidas adicionales para evitar contagios del COVID-19.

En segunda instancia, las consecuencias de los últimos terremotos provocan que el ciudadano desconfíe de las escuelas como refugio.  En tal sentido, serán necesarios cambios radicales en la forma y manera de refugiar y proveer alimentos a damnificados.

También, será un reto de convivencia en los refugios, por lo que el gobierno y los municipios deben encaminar ajustes para configurar un plan que permita un cuidado en masa adecuado y efectivo.

Por otro lado, tenemos que continuar las orientaciones a los ciudadano sobre las medidas de seguridad antes durante y después de una emergencia. El mensaje debe incorporar más elementos visuals que los tradicionales.

Además, reiterar que “estamos preparados” no promueve la urgencia de los ciudadanos para mejorar sus planes y protegerse mejor ante un escenario de nuevos riesgos. 

No se puede negar de que muchos ciudadanos no se preparan y no conocen ni los riesgos a los que se exponen en su lugar de residencia 

Mientras, hay que considerar que la energía eléctrica va a fallar y lo mismo va aocurrir con el suministro de agua potable, las telecomunicaciones, la accesibilidad a servicios médicos. Además, debe considerarse también que la obtención de bienes y servicios se reducirá en caso de emergencia.

Por experiencias previas, durante las primeras horas y días posteriores a una emergencia el personal de los gobiernos locales y del estatal van a estar centrados en acciones que tengan que ver con rescates, levantar infraestructura, restablecer el agua y la luz, las comunicaciones, las carreteras y accesos adecuados servicios médicos y servicios de seguridad.

Por eso, si tomamos en consideración todo lo anterior, lo único que nos queda es estar preparados y conscientes de nuestros riesgos, así como de la capacidad del gobierno estatal y municipal y de la empresa privada para responder en comunicación y coordinación


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