Israel Matos

Punto de Vista

Por Israel Matos
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Huracanes 2020: Lo que nos espera

La temporada de huracanes del 2020 se presenta como una continuación de una era de mucha actividad ciclónica, un periodo que comenzó más o menos en 1995. 

La actividad cicónica marcada es propiciada por la llamada Oscilación Multi-Década del Atlántico, un fenómeno natural y cíclico que varía por periodos de 20 a 40 años. Las condiciones atmosféricas que convergen en esta era pueden crear las condiciones perfectas para el aumento en la actividad ciclónica y el fortalecimiento de los fenómenos que se formen. 

Sabemos sobre los factores favorables para una temporada activa como temperaturas altas de las aguas oceánicas, disminución en velocidad de los vientos en la altura, aumento en la actividad de tormentas eléctricas y la existencia de condiciones oceánicas neutrales o favorables a la formación del fenómeno de la Niña, en el Océano Pacífico y la lluvia monzónica, en el Continente Africano, entre otros. Sucede actualmente que todos estos factores parecen estar presente para la temporada 2020 que comienza el 1 de junio.

Si bien es cierto que urgimos a que el gobierno y la población se prepare de antemano pare este periodo, no es menos cierto que en el 2020 tenemos retos adicionales que debemos tomar en cuenta en nuestros planes. 

Por ello, mientras tomamos medidas de preparación en caso de tormenta o huracán, la pandemia del COVID-19 nos requiere mantener procesos de salubridad siguiendo las guías de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), así como del Departamento de Salud. 

Hoy debemos considerar también la protección y seguridad de miles de ciudadanos que siguen sufriendo las consecuencias de los terremotos en suroreste de la isla, sin descartar la alta probabilidad de ocurrencia de sismos durante la temporada cicónica.

Precisamente en el sur comienza a observarse una sequía atípica por la presente falta de precipitación, pero el déficit de lluvia lo arrastramos desde principios de año.  Mientras, estamos en un año político con elecciones a la vuelta de la esquina y un gobierno todavía en transición, con las manos llenas de acciones por ejecutar. 

Sin embargo, después del huracán María, los temblores de enero, la cuarentena por el COVID-19 y la posible sequía en el sur, no dudo que los puertorriqueños seguimos resilientes, luchando contra viento y marea para vivir o sobrevivir lo mejor posible dentro de las circunstancias. 

Solo resta prepararnos con más ahinco, desarrollando planes familiares y/o ajustando los que ya tenemos, en virtud de las nuevas circunstancias para enfrentarnos a una temporada de huracanes que se proyecta sumamente activa. Les recalco, como en el pasado que “prepararnos es responsabilidad de todos”. 

Mientras, no debemos olvidar lo ocurrido en años previos, cuando surgieron eventos de potencial catastrófico.

Ciclones antes de junio

La temporada de huracanes del Atlántico del 2019 fue una sumamente activa, como parte de una cadena de años previos consecutivos con actividad ciclónica sobre lo normal. 

El 2019 quedó marcado por una actividad fuerte desde mediados de agosto hasta octubre. En total, se formaron 18 tormentas tropicales de las cuales seis llegaron a ser huracanes y tres se fenómenos mayores con vientos máximos sostenidos sobre las 110 millas por hora (mph). 

Según los records de la Administración Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés) en promedio se forman 12 tormentas tropicales de las cuales seis llegan a ser huracanes y tres llegan a ser huracanes mayores o fuertes con vientos que sobrepasan las 110 mph. La perspectiva de la NOAA para el 2019 era de 10-17 tormentas, 5-9 huracanes y 2-4 huracanes mayores, lo cual estuvo muy cerca de lo observado. 

Es importante señalar que esa temporada 2019 marcó el cuarto año consecutivo en que la temporada de huracanes del Atlántico resulta sobre lo normal. Anteriormente, solamente el periodo del 1998-2001 ostentaba esa marca. También los cinco ciclones que se formaron en el Golfo de México igualaron el record de la temporada del 2003 y 1957. De estos Barry, Imelda y Néstor impactaron tierra en los Estados Unidos, sumándose al huracán Dorian, el más fuerte de la temporada. Ese huracán, con sus vientos de 185 mph, se convirtió en el segundo más fuerte en toda la historia y empató en record con otros tres registrados previamente: uno en 1935; Gilbert, en 1988 y Wilma, en 2005.   

Dorian y un gobierno isleño en transición

La tormenta subtropical Andrea, al este de las Bahamas, el 20-21 de mayo, marcó el inicio adelantado de la temporada ciclónica en 2019. Ocurrió casi dos semanas antes del comienzo de la temporada oficial de 2010. Una situación similar acaba de ocurrir en 2020. 

Aquel verano, la temporada de huracanes en Puerto Rico coincidió con una tormentosa transición en el gobierno. En agosto, cuando históricamente experimentamos la fase alta, todavía el gobierno estaba en proceso de normalizarse con los nombramientos de gabinete. A mediados de agosto se formaron ciclones tropicales cada semana hasta octubre. A la misma vez, surgieron situaciones administrativas que increíblemente descabezaron la agencia con la misión del manejo de las emergencias en la isla. Entonces Dorian se fortaleció y se convirtió en huracán sobre la vecina Santa Cruz, moviéndose luego sobre Santo Tomás y posteriormente llegó al este de Puerto Rico. Dorian siguió hacia las Bahamas, donde las impactó brutalmente por unas 36 horas.

Afortunadamente, el impacto de Dorian en Puerto Rico fue leve. Después, en septiembre 22 de 2019, se formó una depresión tropical que se convirtió en la tormenta tropical Karen, que se movió sobre las islas de Vieques y Culebra con vientos de 45 mph. El ciclóndejó lluvia de 2 a 4 pulgadas, sin efectos mayores en las islas municipio.   

La perspectiva de la NOAA para la temporada 2019 y otros expertos fue bastante acertada, a pesar de que la temporada fue sumamente activa. Aquí jugó un papel muy importante la formación y peritaje de los pronosticadores, así como la acertada acción de la NOAA al invertir en mejorar los modelos como el GFS y la transformación a una nueva generación de satélites operacionales puestos en órbita. 

También, la incorporación y la asimilación de datos en los modelos fue relevante. Gracias a esa gestión, datos de numerosas misiones de aviones de reconocimiento, con apoyo adicional de información provista por radares, satélites, radio sondas, estaciones meteorológicas y oceanográficas.

Asímismo, el uso de gliders (instrumentos que permiten recoger información oceanográfica previo a la llegada de unciclón) ayudó desde entonces a mejorar los pronósticos. En el renglón de los gliders, Puerto Rico tuvo un rol importante ya que estas misiones se llevaron a cabo  desde la isla por medio de la Organización CARICOOS, que también aporta con datos recopilados en boyas y estaciones meteorológicas. 

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