Arturo Massol Deyá

Punto de vista

Por Arturo Massol Deyá
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Impuesto al sol, manipulación y contradicciones energéticas

El reciente acuerdo alcanzado con los bonistas es malsano por muchas razones. Imponer impuestos directos o escondidos a la gente por generar su propia energía es la evidencia más clara de que aquí no hay intención alguna de construir un modelo energético inclusivo y responsable. Cuando Puerto Rico redefina a la Autoridad de Energía Eléctrica como la fuente alterna de energía y al sol como nuestro combustible primario, entonces viviremos y discutiremos en Puerto Rico una realidad diferente. 

En el momento en que se nos hace más evidente el futuro energético que necesitamos, las acciones del gobierno reafirman el pasado. Sobre la mesa tienen el mismo modelo de dependencia a combustibles caros y sucios para la generación eléctrica centralizada que requiere de un idéntico entramado de postes y cables que colapsan con huracanes, tormentas, insectos o iguanas. ¿Qué persiguen? Mantenerlo a usted secuestrado a su negocio lucrativo. La deuda es pública, las ganancias privadas son garantizadas. 

No quieren que usted produzca su propia energía, esa es la gran tragedia. Dicen de la boca para afuera que sí, pero en realidad son políticos creando falsas aspiraciones con metas que no piensan cumplir. La mentira no es nueva pero tiene la misma perversidad de siempre.

Por un lado, asignan al “fondo verde” un puñado de recursos limitados para energía renovable con el pre-requisito de depósitos que no devuelven y reglamentos que desincentivan a la gente a invertir. Mientras tanto, firman contratos para gasificar la Central de San Juan por $1,500 millones. Ni hablar de nuevas deudas para gasificar Mayagüez y Palo Seco o para nuevas centrales en Yabucoa y Bayamón. 

¿Cómo esos proyectos anunciados sin información bajarán los costos de su factura eléctrica? Si el que paga la factura mensual de su casa tiene aún los dientes de leche, quizás se crea la “promesa” de reducciones futuras. Decía el gobernador recientemente: “Estoy hablando en jerigonza de kilovatios”. Ojalá fuera eso. No señor, usted es parte del engaño a un pueblo manipulando un ideal de futuro energético renovable con el que no cumplirán; actuando como serviles de la misma estructura de explotación económica, social y ambiental que domina el cartel de combustibles fósiles. 

Es evidente que la agenda nacional es secundaria para el gobierno con una corporación pública que opera hace mucho tiempo como empresa privada y cuyos intereses van primero y después. Nos hacen creer que la intromisión político-partidista es el problema de la AEE, pero eso es terciario ante el poder económico detrás de su operación, que quiere mantener su modelo de negocio y generación usurera de riqueza. Usan y controlan con donaciones a los políticos, eso sí. Pero el poder económico es el mismo y está muy por encima de esa ilusión de poder político local. 

Si la AEE pretende cambiar gas por petróleo eso es tan solo una sustitución de combustible fósil por combustible fósil. Si de verdad la agenda es transicionar a renovables: ¿por qué entonces de primera instancia no bajamos la demanda global energética impulsando generación distribuida en techos de hogares, comercios, escuelas, espacios públicos y privados? 

El consumo promedio residencial requiere de una potencia pico instalada de 1.68kWp o el equivalente a 6 paneles fotovoltaicos de 330 Wp por casa. Este sistema con baterías cuesta unos $8,000 incluyendo la instalación. Si 250,000 hogares decidieran hacer la transición invirtiendo para su seguridad energética el costo equivalente a un carro usado se re-inyectarían $2,000 millones a nuestra economía en lugar de fugarse de la isla por el pago de gas, carbón y petróleo. Si, por su parte, el sector cooperativista financiara a nuestra gente al 3% por un término de 72 meses (no por 40 años como nos hipoteca el gobierno con los bonistas), el pago mensual estimado rondaría $121.55 según la calculadora de CamuyCoop. El principal y los intereses activarían la economía creando trabajos distribuidos en toda la isla y ahorros permanentes para la gente. 

Si la AEE tuviera como finalidad un modelo de operación empresarial que se dedicara hoy, no a llevarle energía a nuestros hogares como en el presente sino a ayudar a que cada hogar y negocio pueda producir su propia energía, ese modelo de negocios, además de viable, sería una forma -en hechos- de impulsar la transición a un futuro de renovables. 

Porque el gobierno carece de voluntad política para romper con la esclavitud energética y tiene sus manos manchadas de combustibles fósiles, tampoco venga a imponer, a modo de dictadura, medidas punitivas como un impuesto al sol en contra de aquellos que construyen el cambio. Eso es otra aportación más al legado perverso de quienes toman turno en La Fortaleza. 

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